10 de febrero de 2014

1257- CARAVACA, CIUDAD DE LA CRUZ.

No es este Blog lugar para afirmaciones religiosas de ninguna índole, a pesar de que su autor cree a pie juntillas en que "algo o alguien" nos ha traído a este mundo, tampoco sabemos para qué. Creyente a medias y escéptico redomado, ese soy yo. Por lo tanto la entrada se limita a plasmar un resumen de la historia de este gran pueblo, sin entrar en detalles sobre los poderes sobrenaturales que su admirada cruz derrama sobre los creyentes, que allí peregrinan buscando la fe, el perdón de sus pecados y las gracias divinas.


Basílica de la Vera Cruz.
Caravaca es un municipio de la provincia de Murcia (España) capital y centro administrativo de la Comarca del noroeste murciano que ronda los 26.000 habitantes. Es una de las cinco ciudades santas de la Iglesia Católica, pues tiene el privilegio de celebrar un Año Jubilar cada siete años y a perpetuidad. Dicho honor y privilegio le viene dado por ser custodia de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca. El primero de esos años jubilares tuvo lugar en 2.003, contando con la presencia del cardenal Ratzinger, después nombrado papa Benedicto XVI. Caravaca es conocida por su Cruz, especial y diferente, pero también por su historia, por su casco medieval y por los Caballos del vino. Tradiciones y leyendas que le aportan identidad y que la han dado a conocer en el mundo entero.


Castillo y Basílica.
El cerro sobre el que se asienta su casco histórico ya estaba poblado en el 2.000 a.C. pues fue encontrado un enterramiento calcolítico con 1.300 esqueletos y restos de 50 perros, además de otros muchos objetos de la época. Se considera por tanto el mayor enterramiento prehistórico de España y uno de los mayores de Europa. Importantes también los restos paleolíticos de la Cueva Negra que descubren la presencia de fuego más antigua de Europa. También el Santuario de la Encarnación está construido sobre un antiguo templo romano. Sin embargo no es necesario remontarnos a tiempos tan lejanos para comprobar la importancia histórica de este municipio murciano. 


Puerta del alcázar.
Enclave estratégico entre el Reino (moro) de Granada, el castellano Reino de Murcia y eje fronterizo de la Corona de Aragón, Caravaca jugó importantes bazas en la Edad Media. Al capitular la Taifa de Murcia en 1.243, Caravaca quedó convertida en frontera cristiana frente al poder musulmán de Al-Ándalus. Tales presiones obligaron a que, tras la sublevación de sus vecinos mudéjares en 1.264 y la pérdida de todos sus privilegios, la fortaleza fuera encomendada a la Orden del Temple primero y a la Orden de Santiago después, hasta la disolución de la misma en 1.312 al convertirse en realengo de Sancho IV de Castilla. Sin embargo y por diferentes circunstancias, en 1.344 Caravaca volvería a convertirse en encomienda de la Orden de Santiago. En la segunda mitad del siglo XIV, los efectos de la peste y su condición fronteriza provocaron la casi total despoblación de Caravaca. Las excepcionales tierras de su comarca hicieron que tras la conquista de Granada en 1.492, Caravaca recuperara su histórica relevancia llegando a los 7.000 habitantes.


Torreón de los templarios.
Para los amantes de la Historia, Caravaca es lugar privilegiado. Decenas de yacimientos arqueológicos de todos los tiempos esperan al visitante curioso. Enterramientos, murallas, castillos, ruinas musulmanas, termas romanas, torres medievales, puentes romanos, neveras, arte rupestre... En la ciudad o en su término municipal. A cada lugar de esta comarca donde se dirija la mirada la Historia te ofrece una lección sobre los antiguos pobladores de tan idílico lugar. A todo eso no le faltan tampoco más de una docena de pedanías a cual más histórica y pintoresca. El río Argos y el río Quípar, afluentes del río Segura bañan y riegan sus campos, si bien su mayor caudal suele ser de caracter torrencial. Su riqueza natural y paisajística es de gran importancia, destacando "Las Fuentes del Marqués", lugar de recreo y esparcimiento, por su inusual belleza y también por la historia que proporciona el Torreón de los Templarios allí ubicado.


La Vera Cruz de Caravaca.
El año 1.231 el monarca moro de Caravaca Ceyt Abuceyt acompañado de su corte, le pide al sacerdote Ginés Pérez que le muestre en que consiste la Santa Misa. Cuando Ginés procede a su celebración se da cuenta de que no tiene cruz y ante la sorpresa de todos los presentes bajan del cielo dos ángeles que traen una cruz de doble brazo. Automáticamente el rey moro se convierte al cristianismo (?) al tiempo que esta extraña cruz queda como símbolo de la ciudad de Caravaca. En cuanto a la fiesta de "los caballos del vino" la tradición cuenta que en 1.250, sitiada la ciudad por los moros de Granada y no quedando una gota de agua en los aljibes, un grupo de guerreros templarios atravesaron el cerco musulmán y no encontrando agua en las inmediaciones cargaron pellejos de vino en sus corceles. Al entrar en Caravaca fueron recibidos con gran alborozo por ser héroes y salvadores de tan penosa situación. Desde la Edad Media se celebra la efemérides que revive aquellos momentos gloriosos.


Lignum crucis de Santo Toribio de Liébana.
En la noche del 13 al 14 de Febrero de 1.934 víspera del miércoles de ceniza, ya quemadas en España más de un centenar de iglesias por los desmanes anarquistas de aquellos días, desapareció la Cruz de Caravaca. Unos desconocidos abrieron un agujero en la Puerta de San Marcos, penetraron al interior y se llevaron la reliquia. Por lo visto solo querían el "Lignum Crucis", pues ninguna de las riquezas que allí se guardaban fue de su interés. Nunca se ha conocido la identidad del autor, ni ha aparecido la reliquia más querida de los caravaqueños. Lo que no saben la mayor parte de los habitantes de Caravaca es que este robo les abriría la puerta del Cielo...(!) La Iglesia Católica solo admite dos lignum crucis auténticos: el que se guarda en el Vaticano y el que hay en el monasterio de Santo Toribio de Liébana, en Cantabria (España). Este último es el trozo más grande de la cruz de Jesucristo, traído personalmente por Santo Toribio de Astorga desde Jerusalén en el siglo V. Toda la cruz está hecha con madera original de la cruz encontrada por Santa Elena en el Gólgota.


Ante la pena que reinaba en la comarca de Caravaca por el robo de la histórica reliquia, al final de la Guerra Civil Española el papa Pío XII le concedió a esta ciudad una astilla procedente del trozo original que se custodiaba en el Vaticano. Con más seguridad que nunca Caravaca puede presumir de albergar entre sus paredes una reliquia auténtica de la cruz en la que Jesús de Nazaret fue crucificado. Esto sucedía el año 1.945 y la ciudad lo celebró con grandes fiestas que los más viejos todavía recuerdan. Caravaca volvía a tener su Vera Cruz y más auténtica que nunca. Entre el 1 y el 5 de Mayo de cada año esta gran ciudad festeja sus fiestas mayores, en las que la Cruz de Caravaca y los Caballos del Vino son su máxima expresión de veneración por la Historia. 

RAFAEL FABREGAT

No hay comentarios:

Publicar un comentario