22 de octubre de 2013

1163- UN BALESTRINO SIN FANTASMAS.

Este pueblo de la provincia italiana de Savona se resiste a ser olvidado, pese a estar 
deshabitado desde hace más de 50 años atrás. Sus casas abandonadas apenas si dejan oír el ruido de alguna nueva piedra que se desploma desde sus deterioradas paredes o alguna podrida ventana chirría en días de fuerte vendaval, pero no es un pueblo fantasma, sino un pueblo abandonado como hay tantos. Sus estrechas y empinadas callejas, repletas de escombros, se tornaron imposibles de mantener en una zona con escasos recursos y convino más a sus habitantes construirlo de nuevo a escasa distancia en zona llana y mejor dotada. Nada de particular y más frecuente de lo que imaginamos. Aquí había un problema añadido. Los derrumbes de un terremoto que hizo inviable la reparación de muchas de sus casas.


Como siempre sucede en estos casos la parte alta del pueblo es la más antigua y deteriorada pero Balestrino aún podría ser recuperada, si alguien se lo propusiera, pues tiene elementos de valor arquitectónico que lo merecen. La cima de esta pequeña loma está coronada por interesantes murallas de un viejo castillo, bastante bien conservadas, en cuyo interior existe una casa señorial sustituta al parecer de la antigua abadía. Solo estos elementos ya podrían ser suficientes apara acometer una restauración que seguramente podría ser viable para ciertos sectores. Todos sabemos el "tirón" que actualmente tiene el turismo y la demanda que tienen este tipo de cosas. 

Es inverosímil que un emplazamiento con tan extraordinario paisaje y a tan escasa distancia de la costa no haya acometido una restauración de los elementos señalados y una oferta a precio irrisorio de las casas en ruinas, que podría seguramente hacer revivir estas calles tantos años abandonadas. El pueblo quizás lo merezca. Parece ser que este núcleo poblacional nació en el siglo XI al amparo de los diferentes trabajos que ofrecía la abadía benedictina de Sant Pietro dei Monti, propietaria entonces de aquellos terrenos. La abadía necesitaba mucha mano de obra y algunas familias acudieron a la llamada de los monjes construyendo las primeras casas en las inmediaciones. Con los años y diferentes convulsiones históricas la abadía fue sustituida (1185) por un señor (el marqués Del Carretto) que siguió explotando las tierras.

A raíz de estos cambios el pueblo fue dotado de una iglesia parroquial y alrededor de estas edificaciones el pueblo fue creciendo hasta alcanzar su máximo desarrollo en el año 1.860 cuando se censaron 850 habitantes. Pocas décadas después varios terremotos asolaron la comarca y el deterioro de algunas casas de pobre infraestructura hizo que no se reconstruyeran de nuevo. El más fuerte de ellos, con una intensidad de 6,7º en la escala Richter, se produjo el año 1.887. Este terremoto destruyó gran parte de las aldeas de Savona y, como no, la del pueblo de Balestrino. Algunas casas con menos daños se repararon, pero otras familias optaron por construirse una nueva casa en lugar próximo.


A raíz de este desastre natural un nuevo Balestrino iba naciendo a 1 Km. escaso del viejo enclave y cada cierto tiempo una nueva familia abandonaba la vieja casa para instalarse en el nuevo emplazamiento. Aunque no hay registros oficiales que indiquen que fuera el terremoto el causante del abandono de la vieja población, está claro que ante una fuerte reparación de dudoso resultado, a aquellas gentes les sería más práctico acometer la construcción de una nueva casa; especialmente en aquellos tiempos en que la mano de obra era familiar y los materiales (piedra y mortero) de escaso valor. En los trabajos más duros o complicados, en los que era necesaria ayuda, solo eran jornales a devolver.


A pesar de aquellas importantes reparaciones que algunas casas sufrieron y que todavía se pueden ver claramente, la inestabilidad geológica de la zona y la inseguridad de las casas reparadas hicieron que en 1.953 el pueblo fuera definitivamente abandonado. Hacía ya tiempo que se trabajaba en la construcción de las nuevas casas y para la citada fecha los últimos vecinos que quedaban se mudaron al nuevo emplazamiento. Algunas familias parece que marcharon con prisas, dando lugar a que alguien pueda pensar en unos fantasmas que sin duda no existen. Aunque la gente joven ha marchado a las ciudades industriales próximas, todavía viven en el nuevo Balestrino unas 600 personas, viendo cada día la estampa lejana de lo que fue cobijo de sus antepasados durante varios siglos y su consiguiente añoranza. En estos momentos la proximidad de la costa da cierta vida a estos municipios de montaña y sin duda la población no parará de crecer.


El poste central de la fotografía o pilón, allí llamado "traliccio", visible desde cualquier lugar de la plaza principal, era símbolo del poder del señor y lugar donde se torturaba con látigo a los reos. Su uso era relativamente frecuente en época medieval, cuando el pueblo y toda la comarca estaban bajo el dominio de Enrique II el Vasto, marquesado heredado en 1185 de su padre Enrique I Del Carretto, señor de Liguria Occidental independiente del poder de Génova. Curiosamente tan nefasto símbolo de tortura y poder jamás fue eliminado y allí sigue visible, tras varios siglos de inactividad y medio siglo después del total abandono de la población. Por sus muchos elementos de interés no se descarta la recuperación de esta histórica población. El turismo cultural demanda elementos como el que nos ocupa y ayuda a quienes optan por permanecer lejos del mundanal ruido. La recuperación del llamado "pueblo fantasma" y la apertura de algún hotel rural y restaurantes podrían ayudar al desarrollo turístico de la zona. Desde luego es para pensárselo.

RAFAEL FABREGAT

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