2 de octubre de 2013

1145- EL MONTE SAINT-MICHEL.


Bahía y comuna francesa en la región de la Baja Normandía. Debe su nombre a la Abadía del arcángel San Miguel, situada en el promontorio rocoso existente en mitad de la bahía mareal, estuario del río Couesnon. Esta bella bahía y la interesante arquitectura del monasterio ha convertido a Saint-Michel en uno de los lugares turísticos más visitados de Francia.

Todo el conjunto de Saint-Michel fue declarado monumento histórico en 1.862 y es desde 1.979 Patrimonio de la Humanidad. En dicha declaración de la UNESCO está incluida la bahía y también el Molino de Moidrey, situado 4 Km. tierra adentro. La citada bahía está bañada por el océano Atlántico. El islote rocoso de Saint-Michel, de una altura de 92 metros, tiene una circunferencia de 960 metros y una superficie aproximada de 280 hectáreas. Las espectaculares mareas de hasta 14,50 metros, dos veces al día, hicieron de Mont Saint-Michel una fortaleza inexpugnable a lo largo de la Historia. Desde finales del siglo XIX una carretera elevada permite la entrada y salida a la isla, aún en momentos de marea alta. 


Claro que esto es historia pasada. Desde el año 2.005 se está trabajando para devolver la insularidad a Saint-Michel ya que el viejo dique-carretera será sustituido por un puente-pasarela elevado que permitirá la acción de las mareas y corrientes fluviales y eliminará la excesiva sedimentación que amenazaba la insularidad del roquedo. Ya no será posible ir en coche hasta tan colosal monumento. Inicialmente el islote, con un gran monolito central, fue cementerio, Monte Tumba dedicado a Belenus, dios galo del sol a cuyo alrededor instalaron estas gentes su necrópolis. El primer oratorio cristiano fue dedicado a San Esteban y se estableció en mitad del peñasco en el siglo IV. Otro oratorio, de estilo merovingio se estableció después en honor a San Sinforiano a los pies del montículo. Ambos eran atendidos por un grupo de eremitas que habitaban el islote en aquellos tiempos. 


Según la leyenda, en el año 708, un obispo de Avranches llamado Auvert creó un nuevo oratorio, esta vez dedicado a San Miguel, por petición expresa del arcángel que se le había aparecido tres veces consecutivas. Bajo el reinado de Ricardo I se ofrecieron grandes ayudas a los monjes allí establecidos, pero también se les llamó al orden por abandono de sus funciones. Mediante bula del papa Juan XIII el rey obtuvo permiso que consagraba su autoridad en la solución de los desmanes allí perpetrados. En el 1.204 los bretones incendian Mont Saint-Michel pero, dominada la situación, el rey Felipe Augusto facilita el apoyo económico para su restauración, que se lleva a cabo en estilo normando y abre de nuevo sus puertas en el 1.228. 


A lo largo de este siglo nuevas luchas entre bretones, normandos e ingleses destruyen nuevamente los albergues, lo que obliga a la fortificación del entorno. En la Guerra de los Cien Años, Mont Saint-Michel se mantiene inexpugnable, lo que no evita que entre en ruina económica. Tendrán que pasar casi cuatro siglos para que, en 1.622 se inicien los trabajos de reconstrucción por parte de la congregación de San Mauro. De todas formas su renacimiento no prospera por abandono del apoyo real que, aconsejado por la Iglesia, desaprueba algunas prácticas alquimistas llevadas a cabo en la isla. Algunos edificios amenazan ruina. En 1.791 la Revolución francesa hace que los últimos benedictinos abandonen la abadía y ésta se utiliza como prisión para más de 300 sacerdotes que reniegan de la nueva Constitución. Por fin, en respuesta a un decreto de Napoleón III, en 1.863 la cárcel de Saint-Michel cierra definitivamente sus puertas.


A partir de ese momento, escritores y pintores románticos ven en Saint-Michel enclave único y pintorescas cualidades. A finales del siglo XIX varios hoteles abren sus puertas en el Monte y poco a poco la isla se convierte en referente del turismo mundial. Tres millones y medio de turistas visitan este enclave medieval sin parangón. Lo que resulta paradójico es que solo un tercio visiten la abadía, lo cual no quiere decir que las visitas sean escasas, puesto que en verano acceden hasta 20.000 personas diarias. De todas formas me pregunto yo a qué van los más de dos millones restantes, si no es para conocer de primera mano el extraordinario enclave y su historia... ¿Habrán instalado entre sus muros un Carrefour?. Esta claro, solo faltaría, que cada cual con su dinero va allá donde le da la gana pero no es menos cierto que, en determinados lugares, o te empapas de Historia o has perdido el tiempo y el dinero. 


Espectacular refectorio románico de la abadía.
Desde luego el Monte Saint-Michel puede visitarse por la sola naturaleza idílica que lo rodea, pero es más que todo eso, mucho más. Tanto que no cabe en algunas cabezas que dos de cada tres visitantes se vuelvan a su casa sin empaparse de la Historia que rodea este sitio espectacular. Lo siento, pero yo no lo puedo entender. Bien está visitar el típico roquedal rodeado de arenas sedimentarias pero, ¿quién iría allí si no hubiera otra cosa más que el rocoso montículo que permitió cimentar tales construcciones?. Nadie ¿verdad?. Pues entonces, ¿como se puede ir y no visitar aquello que dio título y sentido a tu visita?. En fin. Predicar en desierto... ¡sermón perdido!. 

RAFAEL FABREGAT

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