21 de septiembre de 2013

1134- COLEGIATA DE SAN ISIDORO. (LEÓN)

La Real Colegiata de San Isidoro, en León, es también Panteón de los reyes de este reino milenario y un conjunto arquitectónico románico de los más relevantes de España. Lo es por su historia, pero también por los objetos de la época que se conservan en su interior. Otro sello distintivo de esta singular construcción es el Panteón Real que se alberga a los pies de la iglesia y que, con sus murales y capiteles excepcionales, lo convierten en una pieza románica de primer orden mundial.


Los orígenes de este singular edificio son del año 956, solar entonces aledaño a la muralla romana de la Legio II Gemina. Buena parte de esta construcción está adosada e incluso superpuesta a ella en su parte occidental. Se conservan por tanto en perfecto estado muchos metros de la antigua fortaleza. Construcción y ornamentación se mantuvieron fieles al recuerdo de los visigodos, sus antepasados próximos. En algunas obras de restauración relativamente recientes de la Colegiata, salieron a la luz importantes vestigios romanos no así del tiempo visigodo ni tampoco del árabe. Por consiguiente las primeras crónicas y referencias documentales son de mediados del siglo X.


Fue el rey Sancho I de León, hijo de Ramiro II, el que ordenó la construcción de esta iglesia al objeto de albergar el cuerpo de San Pelayo, un muchacho de 14 años martirizado en el año 925, al ser apresado por los moros, mientras acompañaba a su tío el obispo de Tuy y a la corte de León, en su viaje de apoyo al reino de Pamplona asediado por las tropas de Abderramán III. En la derrota de la Batalla de Valdejunquera, tío y sobrino fueron apresados y después de tres años de cautiverio el obispo fue liberado, no así Pelayo que agradaba al monarca. Se dice que el rey moro le pidió contactos sexuales prometiéndole honores y riquezas si renunciaba también a su religión católica pero al negarse a todo ello lo torturó hasta la muerte. Según el calendario litúrgico el martirio y muerte del joven Pelayo fue por demembramiento con tenazas de hierro.


El rey Sancho I llevó a cabo las oportunas diligencias con el reino de Córdoba, pero fue asesinado y no llegó a ver materializado su sueño. Un tiempo después su hermana Elvira Ramírez (monja) y su viuda Teresa Ansúrez, cumpliendo la voluntad del rey, lograron recuperar los restos de Pelayo y llevarlos a la iglesia construida por Sancho I junto a la de San Juan Bautista. Elvira y su comunidad de monjas se mudaron también al templo de San Pelayo, donde permanecieron por espacio de 20 años, hasta el momento en que León fue devastado por Almanzor y las dos iglesias totalmente arrasadas. Para esa fecha (988) Elvira ya había muerto sucediéndola Teresa Ansúrez que, informada de las intenciones de Almanzor, marchó con la comunidad y reliquias de Pelayo a la ciudad de Oviedo. En esta arqueta de madera y marfil del año 1.059 (foto) se guardan algunos restos del joven santo.


Lápida que guarda el cuerpo de San isidoro.
Con el traslado en 1.063 de los restos de San isidoro, obispo de Sevilla y Doctor de las Españas, el templo cambió de titularidad. Hasta entonces y mientras en muchas partes de Europa ya se había evolucionado hacia el arte y liturgia romanas, en León y Castilla seguían anclados en lo definido en los Concilios de Toledo. Sintiéndose tan cristianos como los demás y acatando la autoridad del papa de Roma, por propia inercia, los monjes de iglesias y monasterios seguían con las reglas establecidas por los padres de la iglesia hispanogodaEn la fiesta conmemorativa de la nueva advocación de la iglesia a San Isidodo, Fernando I y su esposa Sancha dotaron al lugar de un importante ajuar sacro y su absoluta protección al templo donde finalmente serían ellos enterrados. 


Fue la primera iglesia románica de León. Un pequeño edificio de tan solo 16 m. de largo y tres naves, bóveda de cañón y sin crucero. La nave central de 3 m. y las dos laterales de 2 m. cada una, con el Panteón Real a sus pies. Desproporcionadamente alta, eso sí, ya que tenía 12 m. la nave central y 7 m. las laterales. El motivo es que era un espacio de dos alturas, la de abajo para enterramientos y la de arriba dedicada a Tribuna Real. 
De esta primera fase construcctiva solo pervive el Panteón Real, su tribuna y su puerta de acceso, aunque cegada. También los dos primeros cuerpos de la torre. La hija de Sancha, Urraca de León, no solo siguió con la protección paterna, sino que mejoró y acondicionó el lugar que acogería el cuerpo de sus padres. Ya llegado el siglo XII no llegó a ver terminada su obra que fue concluida por Alfonso VII y su hermana Sancha que también profesó en el monasterio que fue elevado entonces al rango de Abadía.


La Colegiata de San isidoro, también Basílica, es de estilo prerrománico-asturiano y cobijo del monumento sepulcral de reyes y familias nobles de su tiempo. En el siglo XII y concretamente en sus bóvedas, se pintó tal cantidad de frescos y de tan bella factura que se la denomina, no sin merecimiento, "Capilla Sixtina del románico". Fue tras esta pequeña iglesia inicialmente románica cuando se reconstruyó el templo al estilo románico imperante en esa época. En el costado meridional se abren dos puertas monumentales: la Puerta del Cordero y la Puerta del Perdón. El interior de este recinto despierta un aire medieval indescriptible de penumbra, acompañado de la solidez de los pilares que contiene y las decenas de imágenes y tallas que transportan al visitante a tiempos lejanos, prácticamente olvidados.

RAFAEL FABREGAT

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