22 de enero de 2011

0249- EL CAMBIO CLIMÁTICO. Realidad o ficción.

¿Por qué -me pregunto yo- la humanidad vive en una mentira permanente?. Porque está claro que aquí cada uno va a lo suyo y difícilmente puede uno saber la verdad, en materia alguna. Especialmente cuando están en juego intereses.
A mediados de la década de los 70 y hasta bien entrada la de los 80, revistas de reconocido prestigio como Newsweek y Science advertían de la inminente glaciación que se produciría en breve y que cubriría todo nuestro hemisferio. Vaticinaban hambrunas catastróficas provocadas por un enfriamiento global y lo hacían de acuerdo con la opinión de la práctica totalidad de los meteorólogos consultados. The New York Times recogía que los científicos daban por cierto que el hemisferio norte había estado enfriándose desde 1.950. Se decía que había datos inequívocos y a partir de ellos se daban teorías que produjeron toda suerte de titulares y de documentales, como ocurre actualmente pero con el efecto contrario.
Afortunadamente se equivocaron pero... ¿Lo harán también ahora?

Está claro que los científicos están divididos al respecto. Ni tienen claro de que exista el famoso Cambio Climático, ni tampoco de que sea el hombre quien lo haya podido producir. Ante tal división de opiniones, ¿que podemos hacer?. Está claro que todo cuanto se haga, necesario o no, será bueno para el planeta y para todos nosotros, pero si no están perfectamente probadas estas cuestiones, ¿por qué se lanzan al aire, preocupando a la humanidad?
Da la impresión que, una vez más, esta nueva "amenaza" tiene más visos económicos que reales. Lo que sí está claro es que la humanidad en general es miedosa y el anuncio de catástrofes siempre encuentra oídos dispuestos a escuchar y a preocuparse, convirtiendo la mentira en verdad y las cuestiones verdaderante preocupantes en nimiedades.
Entrados en el siglo XXI, ya con la información a disposición de todo el mundo en general, se harán más necesarios que nunca anuncios de este tipo, que preocupen al personal y que hagan invisibles fenómenos como la moderna esclavitud. Unos lucrándose, mientras otros trabajan.

Las épocas feudales quedaron atrás, pero las cosas no han cambiado tanto. Sigue habiendo señores y vasallos. En un mundo tan informado como el actual, han de inventarse nuevos métodos de distracción, para que el trabajador cumpla su cometido y lo haga agradecido además por el "favor" que se le hace al concederle el trabajo que, a su entender, le hace libre. Es una simple cuestión de cambio de escenario, para una película siempre repetitiva.
En el último cuarto del siglo XX fue la amenaza del enfriamiento global. Actualmente la del calentamiento, ¿cual será la siguiente?.
Cuando el calentamiento global se haya difuminado en el tiempo, el mundo tendrá totalmente instalado el mercado global, que es lo que verdaderamente les interesa a los que manejan el cotarro. Y hoy, cuando ya se ve perfectamente por donde van los tiros, todos calladitos buscando trabajo y mirando al cielo agradecidos cuando se encuentra.

¡Ay, que listos son algunos y que tontos somos los demás...!
La verdad es muy simple, tanto que ellos mismos están alucinados de que seamos incapaces de verla... ¿Como van a decirnos la verdad?. Ni sobre esto, ni sobre nada. ¿Para qué, si somos incapaces de verla?. Además... ¡no les interesa que abramos los ojos!
Hoy, como ayer y como mañana... unos trabajan y otros se llevan el dinero. Es lo lógico, lo natural, lo que ha sido siempre, ¿o no?. Y mientras ellos se frotan las manos eufóricos, nosotros hacemos cola para poder conseguir esas migajas.
¡Y gracias! -decimos aún.
Los pobres, ya se sabe, solo pedimos salud y trabajo. Como uno más de los animalitos, seres indefensos de la naturaleza, primero buscamos pareja, después hacemos el nido, criamos a los hijos y ahí acaba todo. Actualmente, como se vive un poco más, los hijos nos "permiten" que llevemos a nuestros nietos al colegio y hasta dejan que los cuidemos para poder marchar ellos de viaje. Y nosotros contentos... ¡agradecidos, además!. Pertenecemos a esa época primaria en la que sentirnos útiles nos da felicidad y claro, siendo así, ¿donde está el problema?. Pues, sencillamente, en ningún sitio.

Se dice que formamos parte de "la generación del miedo" pero aquello, que en nuestra juventud nos hizo desgraciados, ahora nos hace doblemente felices porque, en nuestro interior, vemos más luz que los demás. Mucha más de la que ven aquellos que la vieron siempre.
También se llama la generación del no.
De niños no tuvimos juguetes; ya adolescentes no nos daban permiso para llegar tarde a casa. No nos daban dinero más que para la entrada del cine y poco más. De todas formas, en tiempos de Franco, no estaba permitido estar en el bar más tarde de las 12 de la noche. Las chicas no podían salir de casa después de cenar. La mitad de las películas no podíamos verlas hasta los 18 años. No había discotecas donde poder arrimarnos a las chicas y solo el paseo estaba permitido. Como estaba mal visto, solo podías coger a la novia de la mano, pero no ponerle el brazo por encima de los hombros. Naturalmente no se podía fumar en presencia de los padres hasta que no fueras a la mili. Y esto no... ¡y aquello tampoco!.
Y con todas estas privaciones, ante las necesidades lógicas de la juventud... ¿qué ocurría, qué decía la juventud, qué pensaba?. Pues sencillamente... ¡nada!. Así eran las cosas y nada más. Cuando se vive en libertad el más mínimo roce enrojece la carne y dispara la aversión, pero en las épocas en las que la represión es normalidad, uno lo tiene asumido y nada espanta o repele.

Como todos hemos observado, hoy que con los diferentes mapas del Tiempo y las imágenes del meteosat nos muestran como avanzan las diferentes borrascas y anticiclones, el simple hecho de que un frente frío viaje cien kilómetros arriba o abajo de determinada latitud, hace que en nuestro pueblo haga viento o que llueva en cantidades desproporcionadas. Quiere esto decir que el tiempo es caprichoso y que en determinada zona, según la dirección de los vientos, puede provocar grandes inundaciones o terribles sequías. Borrascas y anticiclones viajan por el planeta como siempre lo han hecho y depende de que nos toque una cosa u otra para que opinemos de diferente manera. Personalmente no creo yo que en este momento haya cambio climático alguno. En las ciudades, principales puntos donde las temperaturas se toman y se estudian, la temperatura ha subido sensiblemente. Naturalmente que sí, pero es porque esa misma ciudad nada tiene que ver con aquella que había cien años atrás en el mismo lugar; su superficie ha aumentado cuatro veces y diez su población y su industria. Así de sencillo.

Son ciclos, que siempre han existido y que hace muy pocos años que se conocen en detalle. El clima es variable porque, para los fenómenos de la naturaleza, no hay caminos fijos; no hay un recorrido exacto que nos permita predecir el tiempo que hará en determinada fecha y lugar, pero esto ha sido siempre así. Si a esto sumamos nuestra corta vida y nuestra escasa memoria, queda dicho todo.
Se sabe que nuestro planeta, a lo largo de su dilatada historia, ha sufrido grandes cambios. Grandes glaciaciones y calentamientos globales que han modificado incluso la vida de sus habitantes. Sin embargo, entonces no había coches que enrarecieran el ambiente, ni aerosoles que aumentaran el agujero de ozono. Nada favorecía el tan cacareado efecto invernadero, con el que actualmente (algunos) pretenden cargarse la industria de ciertos países, que no la de todos. Al respecto, yo no tengo miedo alguno de las consecuencias que pueda producir la combustión de productos fósiles. Tampoco la tuve, cuando en los 70 se nos anunciaba el inminente peligro que suponía la superpoblación del planeta, que acabaría (decían) en una hambruna generalizada. Desde mi punto de vista, cada uno de estos anuncios siempre tiene detrás un fundamento económico y de distracción.
Tal como pone en el Bus de la foto, probablemente el Cambio Climático no sea cierto así que, dejen de preocuparse y disfruten la vida. No tenemos nada más...

EL ÚLTIMO CONDILL

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