
Una curiosidad que no todos saben, es que el amor no tiene absolutamente nada que ver con el corazón. El amor nace en el cerebro. Son las neuronas las que nos llevan al amor y siempre a través del deseo. A partir del deseo sexual y cuando éste es recompensado, se materializa el amor.
El amor no es tan idílico como muchos piensan. El sexo (presente o pasado) es fundamental para anclarlo en nuestro cerebro. El amor está unido al sexo y por lo tanto vive de las relaciones presentes o, cuando éstas ya no pueden llevarse a cabo por cuestión de edad o de salud, del recuerdo de las pasadas. No puede haber amor (carnal) sin sexo. Como si fuera una especie de adicción, todo surge a partir del deseo sexual y de su materialización. Se dice que cuando una persona se enamora 'pierde la cabeza' y en cierta manera esta afirmación tiene una importante parte de verdad. La felicidad, al igual que la toma de algunas drogas, hace disminuir la densidad de la materia gris y dificulta el control de determinados impulsos que nos son natos.

Cada cual es como es pero, en la medida de lo posible, hay que saber que al amor le va muy bien el humor.
La persona que se ríe siempre resulta más agradable y por lo tanto, en un primer contacto, son muy interesantes unas risas y especialmente cuando son sinceras y compartidas.
Solo vamos a añadir una última cosa... EL BESO.
En la cultura mediterránea y por extensión en la de los países latinoamericanos, el beso es una forma de expresión cariñosa muy extendida.
Con un beso lo decimos todo.
Claro que hay muchas y muy diferentes formas de besar.
Según nos dice la canción del gran Manolo Escobar...
"La española cuando besa, es que besa de verdad
y a ninguna le interesa, besar con frivolidad.
El beso, en España, lo lleva la hembra muy dentro del alma.
Le puedes dar un beso en la mano, o darle un beso de hermano.
Así la besarás cuanto quieras,
pero un beso de amor... ¡No se lo dan a cualquiera!.
RAFAEL FABREGAT
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