Justamente por que cada cual ve las cosas de distinta manera, un mismo hecho presenciado por diferentes personas tiene distintas opiniones. ¿Quien tiene la razón?. Pues bien, todos y nadie, porque la verdad no existe. Lo que sí existe es nuestra verdad, la que tenemos por verdadera. No hay alma, porque no hay verdad ni razón. Incluso el asesino más sádico y brutal, considera tener razones más que suficientes para actuar como actúa. El ser humano actúa en base a instintos y enseñanzas recibidas. No hay más.

El individuo es la suma de ambas cosas, un único ser pero con "dos" cerebros. Las religiones suelen llamar "alma" a ese segundo cerebro, al que nos alerta sobre el bien o el mal de nuestras actuaciones. Refiriéndose a nuestra dualidad de pensamiento, la religión cristiana nos dice que es el "ángel" y el "demonio" que todos llevamos dentro. Quien gane más "batallas" determinará que seamos buenos o malos, al criterio de la religión y la sociedad, pero no implica castigo celestial alguno. La sociedad se rige por una serie de normas que facilitan la convivencia entre los diferentes modos de ser. Por lo tanto es la conveniencia social la que prevalece. Está bien todo lo que favorece el entendimiento entre la sociedad y está mal todo lo que perjudica a terceros y por lo tanto a la relación con los demás.
De todo lo dicho anteriormente se desprende por tanto que no hay alma ni peso para ella. Tampoco separación del alma y el cuerpo en el momento de la muerte. La muerte cierra el riego sanguíneo y el cerebro se apaga como una bombilla cuando falla se suministro eléctrico. El alma es una actitud, un sentimiento de pena o alegría dependiente de nuestra respuesta a los códigos de conducta aprendidos en nuestra infancia. Por naturaleza, nacemos con actitudes egocéntricas y posesivas pero, en base a la educación recibida, tendemos a socializarnos y a alcanzar sentimientos de satisfacción o de culpa según dominemos o no esa actitud egoísta con la que nacemos. El ser humano es el más inteligente sobre la Tierra pero, aún así, se mueve más por las conductas aprendidas que por las intuitivas. Especialmente porque lo que conviene a la sociedad dominante tiene premio y lo que perjudica tiene castigo.
RAFAEL FABREGAT
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