Lo de Casas Viejas (Cádiz) sucedió en Enero de 1933, en un reino sin rey y en el que presidía el Gobierno Provisional de la República Don Manuel Azaña Díaz desde Octubre de 1931. Un primer bienio de progreso social jamás visto en nuestro país, con unas leyes que situaban a España en la cabeza de los países más desarrollados del mundo desde el punto de vista social, pero que lógicamente no eran del agrado de todos. Los nacionalistas, catalanes y vascos, se apresuraron a reclamar derechos regionales, al tiempo que la Iglesia y los sectores más rancios de la derecha consideraban a la República como castigo inadmisible, debido especialmente al destrozo y quema de algunas iglesias y conventos.
También la extrema izquierda, especialmente los anarquistas, pedían todavía más libertades e incluso amenazaban al gobierno republicano con la insurrección.
La conflictividad social era de tales dimensiones que en tan solo cinco años (1931-1936) se declaró 21 veces el estado de prevención, 23 el de alarma y 18 el estado de guerra. Lo sucedido en Casas Viejas fue un levantamiento de los anarquistas, pero en el que el Gobierno estaba avisado de antemano y pudo controlarlo con relativa facilidad. En realidad el levantamiento comenzó en las ciudades para posteriormente extenderse al ámbito rural, provocando finalmente la caída del gobierno republicano de Azaña y el acceso a otro, también republicano, pero más acorde a los intereses de una derecha moderada.
El detonante principal fue el fracaso de la Reforma Agraria propuesta por el Gobierno de Azaña, que abocó a los trabajadores andaluces del campo a privaciones inimaginables. El levantamiento popular fracasó en las ciudades, gracias al buen hacer de la Guardia Civil y de la Guardia de Asalto. Exceptuando alguna ocupación temporal de fincas, tampoco se llevaron a cabo actuaciones destacadas en los pueblos pero, ante la falta de noticias, en Casas Viejas varios vecinos empuñaron las armas y ocuparon el pueblo cercando el cuartel de la Guardia Civil y proclamando a voz en grito el comunismo libertario en la localidad. Los campesinos enaltecidos por la algarada, pronto efectuaron disparos contra el cuartel en el que tan solo se refugiaban un sargento y tres guardias.

Un vecino muere y otro logra escapar uniéndose a los que están escondidos en los montes vecinos. Un delegado del Gobierno llega entonces a Casas Viejas anunciando: "Por orden del Ministro de la Gobernación, cualquier casa en la que se encuentre refugiado alguno de los rebeldes será arrasada". En los registros los guardias detienen a 12 personas y matan a un anciano que intenta cerrar la puerta al verlos llegar. Aunque no ha participado en los hechos, las fuerzas de seguridad llegan a la casa de un viejo anarquista llamado "seis dedos" buscando refugiados que efectivamente los hay. Uno de los guardias resulta herido y hecho prisionero por los que están parapetados en el interior de la casa.
Llegan otros 40 números de la Guardia Civil a la localidad portando granadas de mano y comienza una lucha encarnizada. Muertos todos los que se encontraban en el interior de la casa, las doce personas detenidas son fusiladas en el corral de la misma. Finalmente los muertos son veintiséis, incluyendo tres guardias de asalto, dos mujeres y un niño. Otras dos personas murieron de infarto durante los hechos. El suceso tuvo una gran repercusión entre la opinión pública y a causa de ello el capitán Rojas que dirigió la operación fue acusado de 14 asesinatos y condenado a 21 años de cárcel. Con ello quiso darse satisfacción a las familias de los fallecidos, pero las condolencias de la autoridad nunca devuelven las vidas perdidas...
RAFAEL FABREGAT
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