Los Tamberma siempre vivieron en típicas chozas africanas pero a partir del siglo XVI, los continuos ataques de sus vecinos de Dahomey, procedentes de Benin, les obligaron a fortificarse. Mas que guerras eran simples escaramuzas, pero suficientes para mermar los escasos recursos de los Tamberma puesto que les robaban sus animales y hasta alguna de sus mujeres. El acoso constante de sus enemigos, les llevó a construir unas peculiares chozas de barro de carácter defensivo que les ha hecho famosos. Al mismo tiempo dejaron de vivir de forma aislada, reagrupándose en aldeas fortificadas en las que las viviendas están unidas entre sí a fin de combatir más eficazmente al enemigo.

La zona tiene alguna incidencia turística, lo cual no ha modificado las costumbres de este pueblo anclado en una primitiva forma de vida. A pesar de ser visitados por algunos turistas despistados, en la etnia de los Tamberma subsisten las rudas formas de vida y las costumbres ancestrales. Mientras los hombres cazan o hablan de sus cosas, fumando sus pipas de calabaza y amparados por la sombra de algún frondoso baobab, las mujeres trabajan bajo un sol abrasador todas las horas del día, sin tener voz ni voto en la casa y menos aún en la comunidad. Claro que esto no debe extrañarnos, pues es bastante común en todo el continente africano.

Se las denomina "tatas", una fortificación que puede parecer ridícula actualmente pero que en siglos pasados les resultó de gran ayuda para protegerse de las tribus dominantes en la región. A los constructores se les llama "batammaribas", los maestros del barro. Aún siendo menores, las tatas podían tener un patio común interior y solían acoger a cuatro o cinco familias con un total de 25/30 habitantes. En épocas complicadas, el patio podía sustituirse por terrazas que servían de parapeto, trincheras y hasta refugios subterráneos donde guarecerse los niños mientras hombres y mujeres luchaban contra el enemigo. También hay troneras desde las que disparar flechas.
Al norte está la sala donde las mujeres amamantan a los bebés y donde duermen las jóvenes que aún no han tenido hijos. Al sur están los hombres adultos. Al este está "el mundo terrenal" donde no tienen cabida los menores que no han alcanzado la pubertad. Los poblados suelen estar habitados por unas 400/500 personas y constan de unas 25 "tatas", que se construyen y reciben trabajos de mantenimiento en la época seca que suele ser de Diciembre a Febrero. Las mujeres y los niños preparan el barro. Para aumentar el frescor de las viviendas, suelen construirse próximas a los árboles. Cada nueva tata se construye con la misma calidad y servicios de protección como si estuvieran en guerra permanente.
RAFAEL FABREGAT
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