Afortunadamente son pocas, pero siguen siendo demasiadas, las personas que son víctimas de su propia popularidad. El precio que pagan muchas veces es el acoso y la soledad, cuando no incluso la muerte. El 8 de Diciembre de 1.980 el Beatle John Lenon sufrió el aspecto más negativo de la fama al recibir seis disparos en la puerta de su casa que naturalmente le segaron la vida en el acto. Su asesino fué uno de sus fans, al que esa misma mañana Lenon le había firmado un autógrafo. ¿Por qué suceden esas cosas?. Nadie lo sabe, porque el asedio de agresores y psicópatas es constante en la vida de las celebridades. Casi nunca pasa, pero pasa. La tenista de fama mundial, Mónica Selles fue apuñalada por un fan de su competidora y amiga Steffi Graf y podríamos seguir hasta llenar esta página de nombres desafortunados.
La actriz Sharon Tate, esposa del director de cine Roman Polanski, fue asesinada en su casa junto a otras cuatro personas, por un psicópata, músico sin talento que no pudo alcanzar con su obra la fama y la fortuna de aquellos millonarios de Beverly Hills, en los que decidió descargar su odio y frustración. A Diego Maradona, la estrella del fútbol al que todos hemos conocido, las amenazas de la prensa y las drogas lo transformaron en un pepele que finalmente murió olvidado hasta de sus médicos, que fueron acusados de negligencia médica. Como se ha dicho antes, son cientos los casos de muertos de forma directa o indirecta, casi siempre por culpa de envidias y rivalidades. Y ya no digamos los famosos que tienen que ir siempre acompañados de guardaespaldas que les limitan la libertad a la que tienen derecho.
La realeza no escapa de estos acosos y puede acabar con la vida de cualquiera, al ser acosados por la propia prensa y sus paparazzi. Por lo tanto, quien tenga la suerte de tener un trabajo bien pagado o un negocio que, dentro de lo que cabe tenga beneficios, que no envidie la vida de nadie y siga su camino sin ser ni siquiera un simple concejal de su pueblo, puesto que puede pasar de ser el más feliz de los mortales a ser el más despreciable. Los viejos ya lo decían: "Voluntario, ni para recoger billetes del suelo", pero la vida y el mundo son así. La fama, por mínima que sea, ejerce un efecto amplificador de cualquier situación negativa y mucho más en los pueblos que en las ciudades. La difamación está siempre preparada para descabalgar a cualquiera que haya tenido un logro, por pequeño que sea.
El aspecto más negativo de la fama es el hecho de lo que algunos están dispuestos a hacer para obtenerla. Y lo más curioso es que, están tan convencidos de su derecho a lograrla y justifican todo cuanto hacen para conseguirlo. Primero adulan al poseedor y posteriormente, si no consiguen su porción de la tarta, harán para conseguirla cuanto pueda estar en su mano. Por supuesto difamar a quien le haya negado la parte del pastel. En esta sociedad en la que nos ha tocado vivir, la fama instantánea está a disposición de todos aquellos que sepan llamar la atención contra el poseedor de la misma. Aún siendo una actuación deplorable, saben cómo sembrar la locura sin arriesgar nada a cambio. Lo dicho, cuando la adulación no les da los resultados apetecidos, siembran la duda y si no es suficiente cargan contra cualquier cosa que desplace al titular de la misma, para inmediatamente ocupar su puesto. ¡Todo vale!.
Rafael Fabregat Condill
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