Con apenas dos años, antes quizás, dejamos a nuestros hijos en la guardería porque, también las madres, hemos de irnos a trabajar para complementar unos ingresos que son necesarios para mantener una economía familiar, cada día más complicada. Sin embargo no podemos evitar el preguntarnos si esta edad tan temprana no será perjudicial y traumática para ellos. Menos mal que los mismos profesores nos dicen que no, que ese entorno es una etapa clave para su desarrollo integral. Los ñinos pequeños adquieren conocimientos básicos que fortalecen habilidades físicas, sociales y emocionales que son fundamentales para su futuro desarrollo y en un ámbito nada exigente. En ese primer contacto con los demás niños, aprenden jugando y sin darse cuenta de ello mejoran equilibrio y coordinación.
El Ministerio de Educación ha reconocido recientemente que el aprendizaje de la lectura a edades tempranas ha preocupado a los padres puesto que, hasta hace bien poco, se pensaba que era demasiado pronto para cargarles con ese programa de aprendizaje a tan tierna edad. Los padres, como es natural, sufren al ver que también entre el profesorado hay opiniones diferentes. ¿Qué hacer?. Últimamente los padres se han tomado más en serio que nunca la educación de sus hijos, estando como estamos en un mundo competitivo y cada vez mas complejo. El fomento intelectual de la prole, aún siendo positivo, provoca algunas veces un sentimiento de culpa por si no están haciendo lo suficiente para la preparación de su futuro. El caso es que actualmente todo es insuficiente pero, ¿hasta qué punto?.
Los padres nos vemos más comprometidos que nunca. El mundo avanza a una velocidad jamás experimentada y todos queremos que nuestros hijos no queden atrás pero, ¿qué hacer?. Exigirles más nos parece una bestialidad, pero todo lo vemos preferible a que pierdan el tren de la modernidad. Esta es una generación de sobreeducados en escuelas y universidades e infravalorados en el trabajo, lo cual lleva a los padres a dudar de todo y de todos. Está claro que nuestro cerebro tiene capacidades mucho mayores de lo que se le ha exigido hasta ahora, pero todo tiene un límite y un tiempo de adaptación. Desde el punto de vista neurológico no hay ninguna razón para postergar el aprendizaje. Las conexiones de las células neuronales son altamente flexibles en la infancia y juventud, pero mucho más rígidas en edades posteriores, lo cual nos indica que hay que aprovechar el tiempo.
Lamentamos mucho tener que presionar a nuestros hijos. La mayoría de los padres actuales no sufrimos este apremio en la enseñanza y también salimos adelante, pero queremos lo mejor para nuestros hijos y, por mucho que suframos al verles agobiados, debemos ayudar en su estudio y animarles en su lucha por alcanzar metas que nosotros no pudimos lograr. Ese debe ser nuestro empeño, aunque sin forzarles a tomar decisiones que no son de su agrado. Ellos son libres, pero nuestra obligación es hacerles ver que solo trabajando se alcanzan objetivos que de otro modo son imposibles y después han de ser ellos quien decidan su camino. Nuestro deber es facilitar en lo posible su futuro, pero son ellos los que tienen que encauzarlo con ánimo y ganas de hacerlo.
Rafael Fabregat Condill
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