¿Se imaginan cuanto sufrimiento pasaban los infectados de viruela?. Pues si eso les parece poco, muchos incluso morían. La viruela derrumbó imperios y hasta se usó como arma biológica, lo que demuestra una vez más que hay personas tan miserables, que mejor sería que no hubieran nacido. Miserable tiene uno que ser para convertir una enfermedad tan dura y contagiosa en arma de guerra, pero así son las cosas. Dos laboratorios ¿de alta seguridad? (en Moscú) y Atlanta) conservan las únicas muestras del virus original. ¿Para qué?. Para hacer daño, sin duda, si es que les pasa por la cabeza. En fin, vamos a dejar esta sin razón porque la rabia me hace temblar el pulso. Acabemos diciendo que en 1980 la viruela desapareció de la faz de la Tierra, con las excepciones señaladas.
En la foto vemos a un niño vacunado y a otro sin vacunar. De acuerdo con eso podemos ver que el enemigo era muy fuerte, quizás el más espantoso de la Historia. Corría el siglo XVIII cuando el más asesino de los males mataba más de 400.000 personas al año, solo en Europa. El mal no distinguía a nadie y en solo cien años acabó con cinco imperios. Tras millones de muertes, el doctor Allan Warner encontró el remedio para tan trágica enfermedad el año 1901, pero ésta siguió haciendo daño hasta 1980 cuando fué erradicada por completo.
La espantosa enfermedad viajó con Colón al Nuevo Mundo y mató a millones de nativos ya que a su llegada se considera que había unos 54 millones de habitantes en su zona de influencia y a final del siglo XV la viruela, la esclavitud, las masacres y otras enfermedades, dejaron 17,2 millones. Por si les parece poco, hay que decir que en el año 1800 quedaban 600.000 nativos.
Lo cierto es que los navegantes no sabían el daño que iban a causar, pero así eran aquellos tiempos de ignorancia y aventura. Había que esperar mucho tiempo pero, por fin, en 1803 el médico Francisco Javier Balmis llevó a Ameríca la vacuna contra la viruela, mediante 22 niños que iban inoculándose la vacuna poco a poco para mantenerla fresca y efectiva. La bandera española fue arriada una vez más en tierras americanas, exactamente en tierras de Luisiana. Los navegantes habían partido con la corbeta María Pita de La Coruña con una carga extremadamente valiosa para la salud de las colonias: la vacuna de la viruela. El 9 de Febrero de 1804 los navegantes avistaron Puerto Rico, pero el recibimiento fue escaso puesto que las autoridades ya habían recibido la vacuna por otros medios. Sin perder más tiempo pusieron rumbo a Venezuela y aclamados como héroes iniciaron su expedición salvadora.
La enfermedad seguía matando miles de personas por toda Europa, pero había una esperanza de solución que viajaba lentamente. Con la natural curiosidad por acabar con la epidemia, en 1803 el cirujano Edward Jenner inoculó a un niño sano de 8 años líquido de una vesícula del dedo de una paciente que había ordeñado una vaca y adquirido la enfermedad. El niño desarrolló una patología leve que acabó en pocos días. Una vacuna más... Se descubrió con ello que la vacuna se podía transferir de un indivíduo a otro sin que mermaran sus propiedades, lo que significaba poder combatir la epidemia en poco tiempo. Hasta entonces inoculaban el pus de un enfermo a otro y se superaba más o menos bien, pero algunas veces se producía la muerte del inoculado. Una especie de ruleta rusa. Algunos la calificaron de "invención infernal". Eran los comienzos de la solución.
Pese a las dificultades la expedición fue todo un éxito, puesto que los españoles no se amilanaron y fueron vacunando a la población americana. En algunos lugares fueron rechazados por los propios médicos locales que estaban haciendo negocio con una salvación que nada costaba. En otros lugares la gente no entendía como podían escaparse de la enfermedad, cuando el remedio ofrecido por los españoles era justamente inoculándola. Con esto y todo se vacunaron cientos de miles de personas y finalmente, acabada su misión en América los españoles pusieron ruimbo a Filipinas donde llegaron en Abril de 1805. La falta de apoyo de las autoridades no impidió que los españoles vacunaran a miles de nativos y otros tantos chinos que allí habían arribado años antes. El 14 de Agosto, tras completar la vuelta al mundo, Balmis desembarcaba en Lisboa y un mes más tarde informaba al rey de España. La aventura había terminado con éxito.
Rafael Fabregat Condill
No hay comentarios:
Publicar un comentario