
Después bajó el número de vecinos, siendo en los 60 unos 2.000.
La famosa Fuente del Buensuceso, una fuente inagotable instalada en la plaza principal y algunas otras en puntos limítrofes del municipio, facilitaban a toda la población el necesario elemento.
Pero no vayan ustedes a creer que ahí paraba la cosa. Para envidia de propios y extraños, eran muchos otros los servicios de los que el pueblo disponía...

Con tanta luz en las calles (?) si se te caía un billete (!!!) ya no lo encontrabas.
En verano, tras la cena, los vecinos solían sacar unas sillas a la calle para pasar un par de horas al fresco donde, en compañía de sus vecinos, ponerse todos al corriente de las novedades de la jornada o degustar la primera sandía cosechada. Los accesos a la población no eran los más idóneos puesto que, aparte la carretera de Zaragoza que pasaba extramuros, el resto eran caminos de tierra.

Fué por aquellos años cuando se construyó la carretera que va al Arco Romano y cuando se asfaltó la de La Ribera. Una compañía de "Burreros" vino de La Mancha para convertir el sueño en realidad. Llevaban más de veinte burros con ellos y dueños y animales se instalaron en el Hostal de Amado, junto a la carretera de Zaragoza.

Unos años después llegarían ya los primeros carros con ruedas de goma, que aliviaron las posaderas de sus dueños y los destrozos de los caminos.
El recibimiento de los foráneos, procedentes de la parte de Castellón, lo hacía el "río Ravachol", lugar de juego para los niños de los barrios colindantes que buscábamos las escasas ranas que el eterno caudal, de sucias aguas provenientes de los lavaderos municipales, permitía que se criasen. Mas frecuentes eran las cucarachas de agua puesto que ellas, en los eternos charcos de aguas putrefactas, se multiplicaban sin mayor problema.
Las calles de la población, entonces todas de tierra, eran el destino del agua de lavar platos y cacerolas y por lo tanto de los últimos granos de arroz que habían quedado pegados al fondo del puchero. Ni que decir tiene que los gorriones abundaban en aquellos tiempos, para ellos de gran abundancia.

Las ineludibles "necesidades fisiológicas" se hacían pues como se podía y más al raso que a cubierto.
No más de una docena de casas tenía fregadero en la cocina, alimentado por un depósito de agua instalado en el desván o terrado, pero ello implicaba la necesidad de llenarlo con agua previamente traída con cántaros de la fuente y subirla por las escaleras. Tan trabajosa era esta labor, que el depósito estaba permanentemente falto de agua.
Menos mal que chicos y chicas siempre nos prestábamos voluntarios para acarrear un viaje de agua de la fuente, excusa muy socorrida con la que charlar un rato con el sexo contrario.

La actuación se realizaba invariablemente en la Plaça de la Farola (hoy denominada de La Constituciò) y la asistencia era, por tanto, gratuita aunque a mitad del espectáculo los actuantes pasaban "el plateret" pidiendo una colaboración económica que permitiera al menos su sustento.

A pesar de todas las penalidades aludidas, nuestro pueblo destacaba sobre otros de la comarca y lo hacía para bien.
Nada menos que ¡¡¡ TRES CINES !!!
El cine-teatro Benavente, en el que se proyectaban las más novedosas películas y en el que actuaban los más famosos cantantes de la época (Machín, el Titi, Juanito Valderrama, etc.) y dos cines de verano:
El Astoria, en el número uno de la calle Teatro y El Trinquet en la parte trasera del Café de Xulla, actualmente carrer de la Fira en el que, en los meses de verano, se celebraba todos los domingos el típico "Ball de vermut".
La juventud, ya con novia o a punto de tenerla, la salida del cine se dirigían a este lugar de cita obligada, donde alargar una hora más el deleite dominical, razones más que suficientes para que Cabanes destacase una vez más sobre los pueblos vecinos.

Ambas alternaban sus actuaciones en ese baile dominical a cambio de una módica retribución o simple comisión sobre las consumiciones realizadas, único desembolso que los asistentes habían de sufragar, salvo en determinadas fiestas especiales que se pedía una simbólica entrada.
Alguna consumición era obligado realizar aunque los aperitivos (vermuts), que era el nombre al que hacía referencia el baile en cuestión. Pocos, porque ello implicaba dos consumiciones (tapa y bebida) y el dinero escaseaba. Salvo fechas especiales o alguna celebración, lo habitual era pedir una cerveza los chicos y una naranjada las chicas. Tampoco había mucha sed, puesto que la comida no había sido muy abundante y y lo importante era bailar... ¡y cuanto más arrimados mejor!

Los más pequeños, como no pagaban, se sentaban sobre las rodillas de sus padres y ante la frecuencia de "necesidades menores" las hacían allí mismo a sus pies por lo que, al descanso de la proyección y especialmente al final de la película y bajo la pantalla, había siempre un charquito de orines, alimentado por la multitud de chorritos que bajaban del patio de butacas, cuyo pavimento era de hormigón pulido.
Una cosa destacable de la época era la frecuencia con la que se iba la luz, en muchas ocasiones dos y tres veces por sesión.
La gente estaba tan acostumbrada que ya se lo tomaba con cierto cachondeo y al apagarse la proyección todos a una gritaban... ¡ooooooh!, mientras que cuando la luz volvía gritaban nuevamente todos... ¡aaaaaah!, en ambos casos seguido ello de las carcajadas de los espectadores que, de esta forma, descargaban el natural enfado.

Como las calles eran todas de tierra, llovía con frecuencia y las mujeres tiraban el agua de la limpieza a la calle, ésta estaba permanentemente embarrada, por lo que también era bastante común el jugar a "pastá fang". (Jugar con el barro)
Juegos de niños de pueblo... ¡Una delicia!
Esta expresión se utilizaba también entre los adultos (ves a pastar fang) como equivalencia a la de mandar a alguien a la porra o "a freir espárragos".
A pesar de todas las miserias relatadas, estoy convencido de que 50 años después los actuales habitantes, niños y mayores, no son más felices por mucho que las cosas hayan mejorado. Los niños porque carecen de maldad en cualquier circunstancia y los mayores porque cuanta más pobreza hay, más amor y menos egoísmos.
RAFAEL FABREGAT
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