13 de abril de 2026

3333/088- EGIPTO SIEMPRE VIGENTE.


Más de 5.000 años dan para mucho y ese es el motivo de que Egipto sea una Historia permanente. Ese es sin duda su mayor pozo, no de petróleo, pero sí de divisas. Momias, tumbas, cementerios... Nada es sagrado en ese país, cuando se trata de llamar la atención y curiosidad, en el mundo de la arqueología. En toda América y Asia, se han encontrado cientos de pirámides, enterramientos y restos que nos hablan de civilizaciones antiguas, con artefactos y obras descomunales que nadie sabe cómo pudieron llevarse a cabo. En China y otros países asiáticos también han sido hallados enterramientos bajo auténticas montañas de pinos y matorral, escondidos a la vista de posibles ladrones de tumbas, pero más pronto o más tarde todo ha sido silenciado, como hallazgo menor.


Sin embargo no ha sido así en lo que respecta a la antigua civilización egipcia, siempre en el candelero. ¿Más listos que nadie?. No lo sé, ni me gusta esta afirmación, pero está claro que en ese desértico país, donde solo las laderas del Nilo albergan la vida y se produce el sustento general del pueblo, todo es aprobado y consentido si permite engrosar la Historia de sus antepasados, como única herramienta de riqueza sin parangón. Se come del Nilo, pero las cuentas corrientes de todos se llenan de las divisas de unos visitantes, ávidos de noticias de nuevos hallazgos mortuorios que nunca les cansan. Las pirámides, su faro más potente y llamativo, ya no tienen mayor interés que pueda tener la Torre Eiffel parisina. Está claro que Egipto tiene una gran Historia detrás, pero es el morbo el que abona el interés del visitante.


Permanentemente cientos de expediciones hurgan el subsuelo intentando emular el hallazgo de Howard Carter, con la tumba de Tutankamon. Eso no es que sea imposible, pero casi. Se trata de hallar una aguja en un pajar, pero imposible no es. El Gobierno te "regala" todos los permisos que necesites y a cambio tu pones todo el dinero necesario para contratar a todos los trabajadores, herrtamientas, medios de transporte y logística general, además de las tasas administrativas necesarias. Quiere decirse que para ser arqueólogo en Egipto has de ser poco menos que millonario. Allí nada es gratis, con la particularidad de que lo que encuentres pasa a disposición del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto. A ti, si encuentras algo, te darán las gracias y nada mas. Una tarjeta con tu nombre junto a lo encontrado. Eso es todo.


A tus expensas, podrás encontrar un cementerio completo, pero nada de lo hallado es tuyo ya que tú eres un mero trabajador sin sueldo que, cuando ha solicitado excavar en territorio egipcio, se ha comprometido a hacerse cargo de todos los gastos y ha renunciado a todo aquello que pueda encontrar. Tu único derecho será reconocerte que eres tú quien lo ha encontrado, eso sí, pero nada más. Si no tiene gran interés pasará al gigantesco almacén de las causas perdidas y si lo tiene se expondrá en el Gran Museo Egipcio, figurando la fecha y nombre de la persona que lo ha encontrado. En Egipto nadie habló nunca de la muerte, aunque de ella han vivido siempre. En tiempos antiguos, los días laborables todos trabajaban en las tumbas reales y los festivos en la suya propia. Y bien que les va a sus herederos...


Como la mayoría de las civilizaciones nadie quería morir y, cuando lo hacían, pensaban en otra vida tras la muerte. Siendo así, todo el mundo quería almacenar la mayor riqueza posible para disfrutarla en la otra vida, aunque ello solo era posible para faraones y sacerdotes, aunque también para familiares y altos cargos. La gente común no podía pagar el embalsamamiento y una tumba en condiciones, así que se hacía un hoyo en el suelo y, como mucho, se le ponía a sus piés un cántaro con agua y un trozo de pan para el "viaje". La arena y sequía del lugar era suficiente para preservar el cuerpo y sus accesorios, motivo por el cual los arqueólogos de hoy solo tienen que dar una patada en el suelo para encontrar una tumba aunque, que sea de características reales ya es algo más difícil de hallar. Aún así la afición a escarbar el suelo es tanta que nunca les faltan voluntarios y gratis. ¡Qué suerte!.

Rafael Fabregat Condill

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