La técnica de unos y la valentía de otros nos regalan frecuentemente imágenes de las maravillas que se esconden bajo las aguas de nuestros mares, pero los bosques gigantes y preciosos no están en todas partes. Son abundantes en América, desde Alaska a Tierra del Fuego y en Terranova; también en África del sur, Tasmania, Australia, Nueva Zelanda, etc. pero su santuario principal se encuentra en mitad del océano Atlántico, en la zona conocida con Mar de los Sargazos en una extensión de tamaño parecido al continente europeo. Fueron los marinos portugueses quienes bautizaron la zona con el nombre de Sargazos por su tamaño y parecido a una variedad de uva de su país.
Se trata de algas gigantes que forman selvas y forman un ecosistema único, con ejemplares que superan los 70 metros de altura y bajo las que viven multitud de seres marinos. En aguas no demasiado profundas estas selvas submarinas alcanzan la superficie de las aguas buscando los rayos del sol. Alguna de las especies, sin brotes laterales, parecen velas en perpétuo movimiento. Algunas de ellas no están ancladas en el suelo y se mueven permanentemente al compás de las corrientes marinas. Este hecho les permite la oxigenación y la eliminación de la materia muerta. Entre sus grandes hojas, peces y crustáceos forman sus nidos y se aparean para posteriomente depositar sus puestas de huevecillos.
Las langostas son visitantes habituales de estos bosques encantados, puesto que entre ellos han encontrado un hábitat seguro y rico de nutrientes. En cuanto a las plantas que allí crecen, la temperatura y claridad de sus aguas permiten la fotosíntesis hasta profundidades más elevadas de lo común. Ese es el secreto de una vida exhuberante y rica en toda clase de peces y mariscos que son decisivos para gran parte de la biodiversidad. Según los especialistas, estas algas gigantes son grandes productoras de oxígeno, hasta el punto de considerarse que liberan el 72% del oxígeno que respiramos. Esta planta también se puede pegar a las rocas del fondo marino y alcanza decenas de metros de altura. A lo largo del talo hay vejigas de gas cuya misión es mantener la planta erecta.
La mayor parte del suelo oceánico es una extensión desértica y donde cualquier criatura destaca. Para comer y no ser comido todos pugnan por encontrar un escondite seguro y es en las plataformas litorales y en los arrefices donde se escuentran los bosques de algas y donde ellos encuentran el escondite perfecto para escapar de sus depredadores. Es allí donde se encuentran la mayoría de peces, moluscos, caracoles, etc. La relación de refugiados es interminable, tan extensa como lo es la biodiversidad marina y por eso es allí donde los pescadores lanzan sus redes a la espera de poder capturar las especies que persiguen y que son el sustento de sus familias y de la profesión pesquera en general.
Rafael Fabregat Condill
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