Este es el satéite espacial Ikonos. La gente no para. No todos claro, de ahí que cada día los sabios sean más sabios y los ignorantes más todavía. ¿Qué le vamos a hacer?. Cada cual tiene su papel en este mundo y que nadie pierda por eso el sentido del humor, ya que todos somos importantes y necesarios. Tan importante es viajar al espacio como cuidar de nuestro planeta y de sus habitantes. Hasta es posible que lo que hacemos los ignorantes sea más interesante como lo pueda ser explorar el espacio sideral. ¿Que no?. Bueno, por lo pronto cuidar de la limpieza del planeta y de la salud y alimentación de sus habitantes, personalmente me parece más beneficioso para la vida de quienes aquí vivimos. Ver la Luna por detrás, para mí, no tiene mayor interés.
Ojo, que yo no digo que ver Nueva York y la destrucción de las Torres Gemelas con tanta precisión y fotografiarlas con tanta claridad, desde 6.800 Km. de altura, no tenga un gran mérito. Claro que sí pero por televisión y a pié de calle fué más que suficiente, para darnos cuenta de la salvajada que supuso. No nos extraña en absoluto que los estadounidenses estuvieran con ganas de vengar a tantos miles de víctimas. Este mundo está lleno de locos y eso que quienes así actuaron también alegan que tenían sus motivos para actuar de esta manera. El problema es que siempre pagan justos por pecadores. Más de 4.000 inocentes pagaron con su vida los malabarismos políticos de quienes se fueron de rositas... Así ha sido siempre el mundo y así continuará siendo. No tenemos remedio.
Ya para despedirnos de esta hazaña espacial del satélite Ikonos he querido incluir esta foto de Londres, por la peculiaridad de poder ver claramente la famosa Noria Gigante ubicada junto al Támesis y los famosos puentes y edificios que allí se encuentran. No, no vamos a negar el mérito de lograr estas fotos extraordinarias desde una altura tan disparatada. Claro que no, pero en la Tierra hay cosas más importantes que hacer en beneficio de sus habitantes. El problema es que la gente con poder, no piensa ni sufre por nosotros. Simples hormigas que generamos la comida y la llevamos a sus despensas y frigoríficos. Hasta se la guisamos y la servimos a sus mesas si se tercia. Miserables vasallos que nadie tiene en cuenta...
Rafael Fabregat Condill
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