Cuando digo padres, me refiero solamente a la figura paterna, La materna siempre, o casi siempre, estará a salvo de este problema ya que como una madre no hay nada. Hace ya muchos años en una visita a mi prima francesa Marie Fabregat, me contaba ella que de una visita a otra, al parecer no demasiado frecuentes, cuando había en su casa una reunión familiar le costaba saber quién era el marido de sus hijas... Partimos de la base que eran siete y ninguna de ellas estaba con su primer marido, para alguna ya era el tercero. ¡Y con hijos de todos ellos!. Con lo cual la identificación, para una persona mayor, no era fácil. Ella y su marido Jacques vivían en una especie de aldea (Ventenac de Minervois) junto al Canal Du Midí y departamento de Aude. Una comida familiar significaban 40 comensales o más que cada año variaban en lo referente a los "padres" de sus nietos.
En España este problema abunda en la sociedad actual, puesto que en nuestro país siempre vamos unos años detrás de Francia. ¿Por qué?. Supongo que habrá varias causas, pero la principal imagino que será que nos hemos modernizado y las mujeres actuales no son tan dependientes del marido, como lo eran antes. La gran mayoría trabajan y ganan su sueldo en trabajos diferentes del que ejerce su marido y cuando llegan a casa, cansadas y fastidiadas por los problemas diarios de cualquier empresa, querrían encontrar la casa limpia, la cena hecha y los niños aseados. Pero ocurre que el marido, aparte la educación recibida que deja a la mujer encargada de las tareas familiares, no ha llegado todavía o lo ha hecho cinco minutos antes, con lo cual todo está sin hacer. De ahí a iniciarse una bronca hay solo un paso y así día tras día hasta que al final el grito llega al cielo.
De ahí a la separación o divorcio no hay más que un paso. Los dos tienen razón y no la tiene ninguno. En el mundo actual, todas las tareas deben compartirse. Pero el problema principal son los hijos que, como mi prima Marie, si son numerosos al final ya no saben quienes son sus hermanos. Porque el padre puede unirse a otra mujer y la madre puede hacer lo mismo, con la posibilidad de que la nueva pareja tenga otros hijos. Incluso puede haber una segunda separación y que el problema se repita, con lo cual, además de "medio hermanos" harán también "hermanastros" con los que incluso puede darse el caso de no compartir consanguinidad. Total, un lío de aquí te espero. La vertiginosa evolución de las relaciones familiares hace que el concepto de paternidad esté quedando desfasado.
Se ha dado el caso de custodia compartida a dos madres integrantes de una pareja homosexual, permitiendo la adopción plena a la que no es madre biológica, por una cuestión económica. ¿Hasta donde vamos a llegar?. Además, como cada región autonómica tiene leyes distintas al respecto, se da la paradoja de que un homosexual puede adoptar sin impedimento alguno a título individual pero, sin embargo, no es así si lo hace en el marco de una relación de pareja. ¡Bueno, bueno, bueno...!. Ya no hablemos cuando ese hijo procede de una reproducción asistida y el marido no ha participado en la fecundación del óvulo de la madre... ¡Madre mía, qué follón!. Y en algunos países, como España, el escenario es todavía peor, con la legalización de los matrimonios entre homosexuales, e hijos adoptivos.
Cuando los caminos se tuercen, los desvaríos están muchas veces presentes. Al final no se sabe donde iremos a parar, pero no será extraño que, además de legislar sobre los casos de parejas, tenga que hacerse sobre tríos o cuartetos de hecho. Ya no se trata de cuestiones de moral, sino de la manera de dar solución a los problemas de las relaciones humanas con vocación de estabilidad. Seguramente habrá que cambiar frecuentemente las leyes al respecto. Desde luego la legislación ha de ir adaptándose, en la medida que las personas vayan aumentando esta problemática. Está claro que, ante todo, deberá respetarse la libertad de todos y la correcta protección de los diferentes hijos habidos en cada una de las relaciones, pero mucho nos tememos que en cada lugar habrá acuerdos distintos. Al final, ¿no será mejor quedarse soltero y que cada cual haga lo que estime oportuno?.
Rafael Fabregat Condill*
(*).- El último Condill en Europa.
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