España va de lista y remite a Francia los resíduos de sus plantas nucleares, pero naturalmente eso supone un coste que hay que pagar. Solo por la basura nuclear del incendio de Vandellós (Tarragona) en 1989, la suma está en 220 millones de euros. Al parecer esta especie de impuesto no para de subir y actualmente ronda los 100.000 euros diarios. Hay que tener en cuenta que el total histórico suma ya más de 760 millones por la custodia de ese material. El suelo francés almacena un peligroso material, cuya alta peligrosidad es el 5x1000 del total almacenado y se mantendrá activo durante más de 100.000 años. No todos admiten guardar bajo sus pies esa basura nuclear, por muy bien que se lo paguen...
Estas instalaciones están ubicadas en Orano, en La Hague (Francia) y son rechazadas contínuamente por la población próxima a la central de resíduos nucleares. El negocio no puede ser más redondo, pero el peligro acecha contínuamente a los trabajadores y a las gentes que viven en las proximidades, pero no a sus dueños. También a las tierras y cultivos de la zona. Son muchos los estudios que se realizan contínuamente para el cierre de esta planta, pero la compañía que lo explota lucha por una permanencia que le produce tan pingües beneficios. En solo 5 años el incremento de precio por esa custodia ha sido del 7%, debido a la inflación que ha supuesto el conflicto de Ukrania. Veremos que pasará con el que se mantiene actualmente contra Irán.
Los resíduos nucleares españoles, custodiados en suelo francés, son procedentes de la central nuclear de Vandellós (Tarragona) cuyo origen fue la precipitada clausura de esta central en 1989, por un incendio en la misma que supuso su cierre inmediato y el desmantelamiento de la misma. El plazo de finalización de dicho desmantelamiento, con la retirada del reactor, se espera para 2.028, fecha en la que España piensa retirar de Francia los resíduos custodiados. Desde la fecha del incendio opera una central térmica que funciona con un reactor de agua a presión (PWR) diseñada por la compañía estadounidense Westinghouse que ha producido la mayor parte de la electricidad consumida en Catalunya y que utiliza la fisión de uranio para generar el calor que mueve la turbina y su alternador.
Ante ese dilema Finlandia decidió construir en una de sus islas un gran almacén mundial de resíduos nucleares de gran actividad, a 420 metros de profundidad y en el que se admitirán todos los que quieran llevarlos allí. Su valentía no ha sido menor, ya que no solo se trata de almacenarlos, sino impedir con las barreras allí construídas que las partículas radioactivas de las barras de combustible nuclear gastadas lleguen a la biosfera. Es un proyecto ambicioso y caro, pero altamente productivo. Solo falta que se lleve a cabo con las garantías suficientes y no solo a nivel local, sino también para el resto del mundo. Más de cuarenta son los países que tienen plantas de energía nuclear pero, hasta ahora, nadie se había atrevido a admitir su basura. Esperemos que sea para bién y que se gestione correctamente.
Rafael Fabregat Condill
No hay comentarios:
Publicar un comentario