Aunque con imagen simulada, lo que ven en la foto es el fósil de un pollito de Dinosaurio aviar mesozoico, el más pequeño jamás encontrado. Tiene 127 millones de años y se considera que, en vida, medía 5 cm. y pesaba 85 gramos. Es pues el fósil de un pajarito prehistórico de la era de los dinosaurios y claramente emparentado con ellos. Según los estudios llevados a cabo al respecto, estos saurios con plumas pudieron sobrevivir al impacto del meteorito que acabó con gran parte de las especies del momento, hace 65 millones de años. Por alguna razón que no acabamos de comprender, los saurios emplumados siempre han estado aquí aunque, ante un medio tan diferente, tuvieron que evolucionar rápidamente y no todos lo consiguieron. Solo los de menor tamaño conseguirían cambiar sus estructuras.
Según han determinado los científicos, estas aves que actualmente podemos contemplar es la evolución de los antiguos dinosaurios, el resultado de millones de años de evolución para poder perpetuarse en el nuevo mundo que nació tras la explosión. No hubo elección, quienes no lo consiguieron perecieron. El cambio de tamaño y metabolismo fue un proceso largo pero crucial para su evolución hacia las aves. Por su lentitud no nos damos cuenta, pero todos los seres del planeta evolucionamos constantemente. Las especies endoternas, entre las que nos encontramos, no dependemos del entorno para mantener una temperatura corporal constante, lo que permitió la diversificación de las especies prehistóricas. Esto les permitió colonizar nuevos hábitats y recursos que estaban fuera del alcance de sus parientes de sangre fría.
Las huellas no dejan duda de que aquellos animales gigantescos eran antecesores de las aves de hoy, ya que sus patas de tres dedos lo atestiguan. Con mil evoluciones distintas, pero aves al fin y al cabo, que además no podían volar. Por su enorme peso y porque, además, no disponían de las plumas que actualmente tiene un ave cualquiera. Aquellos animales murieron tras el impacto del asteroide, que tantas veces nos han contado, pero no murieron por el impacto en sí, sino porque no pudieron seguir alimentándose. Sin embargo los parientes más pequeños sí lo hicieron puesto que, justamente por ser más lijeros de peso y necesidades, escaparon a la debacle y pudieron ir alimentándose más facílmente de lo poco que quedó disponible. El Mundo Perdido que nos mostraron en el cine existió, pero no desapareció por completo, sino que pudo y supo evolucionar.
Rafael Fabregat Condill
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