Es muy sencillo, ¡el Alma es tu otro tú!, Como todos sabemos, a simple vista, el cerebro tiene dos hemisferios perfectamente identificados y aunque en conjunto sean un sola cosa, lo cierto es que cada uno de ellos va algunas veces por caminos distintos. Y curiosamente, el que manda es esa mitad a la que podríamos llamar Alma. Es nuestra conciencia, la que nos dice si lo que hacemos le parece bién o mal. Claro que, naturalmente, el hecho de decirnos una cosa o la otra no quiere decir que efectivamente sea cierto, sino que está en base al aprendizaje que hayamos tenido de niños; bien sea por las enseñanzas recibidas de nuestros padres, de nuestro entorno de amigos y conocidos o de lo que hayamos aprendido de nuestros estudios. Para resumir, diremos que esa parte de nuestro cerebro (nuestro otro yo) es lo que ha quedado grabado a lo largo del tiempo y que, en definitiva, es nuestra verdad.
Porque la verdad no existe. Cada persona tiene su verdad, su opinión, lo que a su entender es cierto, aunque no lo sea. Porque una cosa es pensar y otra muy distinta razonar. Cuantas veces, tras marchar de tu casa, te has quedado pensando si has cerrado la puerta o no... Y acto seguido te has dicho a ti mismo: ¡Sí, sí, la he cerrado!. Pero aún así no te quedas tranquilo y más de una vez, especialmente si estás todavía cerca de tu casa, vuelves para comprobarlo. O sea, que una parte del cerebro te dice que has cerrado, pero la otra parte lo duda. La única manera de quedarte tranquilo es volver y comprobarlo... Pues eso es tu Alma, el otro tú. La conciencia, pero no todos la tienen igual. Porque hay personas que matan a otras y se quedan tan tranquilas y, sin embargo, hay otras que van caminando por el campo y ven un largo camino de hormigas y lo saltan porque son incapaces de pisarlas.
De hecho hay personas que en un arrebato de cólera, justificado o no, le pegan una paliza o hasta incluso matan a quien tienen delante y lejos de enterrarlo y callar, su conciencia les impide guardar silencio y ellos mismos, libres y voluntariamente, se entregan a la justicia. Quiere decirse que de forma natural o adquirida, cada cual tiene más o menos conciencia de una misma cosa. No, no somos todos iguales, aunque a simple vista, el cerebro parece idéntico. Está claro que el cerebro es la parte más complicada de nuestro cuerpo. A lo largo del tiempo han sido muchos los científicos psicoanalistas los que han estudiado nuestra "alma" pero, siendo algo inmaterial, los resultados son claramente insuficientes. Las experiencias simplemente han demostrado que hay una parte del cerebro que afecta a la comprensión de los sentimientos, del pensamiento y del deseo, o sea, al terreno del Alma.
Dicho todo lo anterior, queda claro que el Alma es nuestro cerebro, o una parte del mismo, por lo que cuando el cerebro muere, por falta de riego sanguíneo y del oxígeno que dicho riego proporciona, el Alma muere con nosotros. No hay pues premio o castigo por nuestros actos, buenos o malos. El Cielo y el Infierno están aquí, en la Tierra. Lo cual no garantiza en absoluto que haciendo el bién, recibas el premio correspondiente. De la misma manera que haciendo el mal muchos, siempre demasiados, se van de "rositas" por diferentes motivos; uno porque su dinero e hipócrita simpatía les "perdona" toda su maldad y otro porque la falta de conciencia les impide sufrir por sus fechorías, dejandoles vivir divinamente. Ese es el motivo por el cual no debemos tener lástima a quienes les falta un hervor ya que ellos, por su falta de conciencia, no sufren por el hecho de tener esa discapacidad. Esa lástima, si la merecen, deberá tenerse a quienes viven en su entorno; padres, hermanos, etc.
Rafael Fabregat Condill


No hay comentarios:
Publicar un comentario