Todos sabemos que, desde que nacen y hasta la madurez, los cuidados de las madres son decisivos a la hora de criar a un hijo. Su papel es fundamental para que ese indivíduo se críe física y emocialmente sano. Y si esto es así, ¿cual es el papel del padre durante esa crianza y qué ocurre si éste falta?. Bueno, se diga lo que se diga, hay que reconocer que la figura del padre sirve para mucho y así lo atestiguan los que estudian el comportamiento humano. Las estadísticas dicen que la crianza de los hijos es mucho más relajada y eficaz cuando hay un padre en la casa. Las madres contribuyen naturalmente en que todo vaya bien en la familia, pero la figura del padre ofrece esa seguridad, que falta en la familia monoparental.
Se dice que los niños con una presencia paternal estable son más competentes socialmente que los que viven alejados de su padre, normalmente más agresivos. El 70% de los niños ingresados en un reformatorio, proceden de casas sin padre. Entre los 5 y 11 años es la edad más crítica para que un niño aprenda a establecer los límites correctos del comportamiento y prueba de ello es que los padres violentos son siempre hijos de padres que también lo fueron. En cuanto a las niñas, el influjo del padre es también muy importante. Cuando el padre está siempre disponible para jugar con ellas, ayudarles en los deberes o resolverles cualquier duda, será más probable que de mayores estén protegidas contra la depresión. Lo más curioso es que las mujeres se sienten más atraídas por chicos con olor corporal similar al de su padre.
Todas las investigaciones demuestran que el padre juega un papel decisivo en el desarrollo de los hijos y si éste está vinculado regularmente con su crianza, el niño aprende más y ofrece un comportamiento más saludable que cuando la madre se encuentra sola para criarlo. De todas formas esto tiene igualmente efecto entre parejas separadas que sigan de cerca la evolución de sus hijos, aunque no compartan el mismo hogar. Estos factores de crianza común, aún estando separados, a los niños les interesa mucho más que la economía familiar y otros factores que pueda haber entre la pareja. Los hijos se sienten seguros mientras se vean queridos y apoyados por ambos progenitores. Pero siempre que sean ellos quienes tomen sus propias decisiones y aprendan de sus errores, lo cual hará que aumenten su autestima.
Ya en la adolescencia, el padre juega el papel de consejero, creando con los hijos un entorno de confianza y comunicación abierta. Mientras la madre es más permisiva, el padre busca fomentar su autonomía, compartiendo experiencias y haciéndoles ver que han de tomar sus propias decisiones, aún a costa de posibles errores que les ayudarán a aprender para el futuro. La enseñanza es importante, pero no de forma autoritaria, sino mostrándoles ejemplos que les ayuden a ser ellos mismos quienes vean la manera de elegir lo que más les conviene. También hay que compartir alguna actividad con ellos para reforzar el vínculo afectivo. De lo que se trata es de que se vean apoyados pero sin invadir su espacio, o sea, que al final sean ellos mismos quienes decidan el camino a seguir.
Rafael Fabregat Condill
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