El hombre actual está asumiendo, no solo su presencia en el quirófano cuando nacen sus hijos, sino también el cuidado del hogar y la crianza de los niños, cuando sea necesario. Ya no solo es la mujer la que se desvela y da cariño a sus hijos, puesto que también el hombre lo hace con gusto cuando es menester. También a la hora de llevarles o recogerles del colegio. Está claro que en cualquier reunión de padres, la mayoría de los asistentes son mujeres, pero también es cierto que cada vez son más los hombres que asisten. Hasta unos años atrás eran muchas las mujeres que se dedicaban exclusivamente a los cuidados de la casa y los hijos pero, en este momento, las cosas han cambiado y son muchas las mujeres que trabajan, al tiempo que también son muchos los hombres lo hacen a turnos o están en el paro.
Es lógico que en sus horas libres ayuden en las tareas dométicas. Lo de los padres al trabajo y las madres en la casa, ha pasado a la Historia. En este momento y en la mayor parte de las parejas, son los dos los que aportan un sueldo a la familia y ambos también los que se encargan de cuidar la casa y la prole. Padres y madres navegan juntos en ambos terrenos. En ese aspecto nada es como era hace unos años. Los padres de hoy se sienten más involucrados que los de antaño en lo que respecta al cuidado de la familia. No por nada, sino porque el mundo actual demanda esta nueva conducta. Cambiar un pañal no tiene el por qué ser cosa de mujeres, como tampoco lo es lavarles y cambiarles la ropa, o llevarles al médico. Hoy, según disponibilidad, se hace entre los dos.
Aunque las hagan, las faenas de la casa siempre agradan poco al marido. Se trata sin duda de la educación anterior recibida al respecto, pero aún así, el hombre que está en la casa mientras la mujer está trabajando, por poco que le agraden los trabajos domésticos, tiene que hacerlos y los hace con la mejor voluntad. La participación económica de la mujer actual obliga a lo padres a colaborar y las parejas bien avenidas tienen claro que ambos han de luchar en todos los frentes. Con el cambio de milenio y nuevas leyes al respecto, los varones con permiso laboral para colaborar en los trabajos de la casa y cuidado de los hijos aumentaron en un 45% respecto a los de la década anterior. En otros países occidentales la situación es la misma, aunque hay que destacar que solo un 3% abandonan el trabajo por ese concepto.
Se diga lo que se diga, nada puede cambiar de hoy para mañana; el hombre jamás sustituirá a la mujer en el cariño y amor a los hijos. Ya no es una cuestión de colaborar más o menor en la casa y en su cuidado. El amor de una madre es insustituible y por mucho que el padre colabore en todas estas cuestiones y trabajos, la madre siempre será el pilar fundamental de la familia. Lo ha sido siempre y seguirá siéndolo.
El padre podrá querer a sus hijos tanto como la madre, pero es incapaz de demostrarlo en la misma proporción. Entre otras cosas porque al padre le corresponde el rol de la seriedad, el de velar por el cumplimiento de las obligaciones de todos los miembros de la casa y hasta incluso en el de imponer algún pequeño castigo si se tercia. La madre es más permisiva, pero no por quererles más, sino porque es como es y por mucho que el hombre se esfuerce...
¡Como una madre no hay nada!.
Rafael Fabregat Condill

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