9 de febrero de 2026

3333/0025- ANIQUILAR SIN MATAR.


Lo de matar al enemigo ha pasado a la Historia. La guerra es para causar el mayor daño posible a tu adversario, así que si lo matas no le haces el daño suficiente, o eso es lo que han pensado los señores de la guerra. Para causarle ese daño que pretendes hacerle, lo has de inutilizar, pero dejarlo vivo. Ese es el fin de la guerra química. A tal efecto, son muchos los países que, en secreto, están desarrollando una nueva generación de armas químicas que no matan, sino que incapacitan al adversario. ¡Malditas cabezas pensantes!. Espero que, para asegurar su efectividad, las prueben ellos primero. España, que algunos creen que nunca ha roto un plato, fue uno de los pioneros de la guerra química.


Entre los años 1921 y 1927 las tribus del Rif, en la región montañosa del norte de Marruecos, se sublevaron contra las autoridades coloniales españolas y francesas dando lugar a todo tipo de enfrentamientos cuyo contenido todavía sigue en discusión a día de hoy. Para recuperar rápidamente el orden en la zona se utilizaron por primera vez, armas químicas contra los rebeldes bereberes. Claro que eso fue antes de que se firmara "el protocolo de Ginebra"
por el cual quedaba prohibido en la guerra el uso de gases asfixiantes o bacteriológicos. El empleo de estos gases ya había sido probado en la Primera Guerra Mundial, aunque España todavía no los había utilizado. En fin, es lo que hay. Óxido nitroso, fentanilo, halotano, etc. son alguno de los anestésicos actuales que dejan K.O. al enemigo sin matarlo.


Estos químicos no han parado de perfeccionarse y en la actualidad existe un gas narcótico que fulmina al enemigo sin darle tiempo ni a utilizar las máscaras antigás. Falta, eso sí, eliminar los efectos secundarios para que, si entre el enemigo hay miembros de tu ejército, puedan salir ilesos del ataque. El hecho de que, aún estando prohibido, se sigan probando nuevas armas de este tipo, es debido a lo baratas que son de producir y a lo efectivas que pueden ser. Otra cosa es el daño que pueden causar a la población civil, si se lanza en zona urbana. La variedad y el potencial tóxico es tan elevado, que causa terror incluso entre quienes lo utilizan.  Tanto es así que los países firmantes del Protocolo de Ginebra de 1925-28 se comprometieron a no emplear ninguna de las armas citadas, en cualquier enfrentamiento al que hubiera lugar.   


Al menos sobre el papel, las armas químicas producidas antes de la firma del Protocolo de Ginebra fueron destruídas, pero mucho nos tememos que hay miles de ellas que escaparon a dicha destrucción. No es una opinión de quien escribe, sino una seguridad de la mayoría de los países firmantes. Claro que esta realidad es difícil de probar y denunciar. Lo que sí se sabe es que algunas bandas terroristas han usado armas de este tipo, por lo que se teme que esta clase de elementos pueda emplearlos a placer en cualquier movimiento revolucionario. Lo más terrorífico es que los antídotos disponibles son insuficientes para inmunizar a las posibles víctimas que pudieran neesitarlos. Solo el tiempo nos dirá si estas sustancias podrán ser neutralizadas en el caso de ser necesario.

Rafael Fabregat Condill

No hay comentarios:

Publicar un comentario