Lo de matar al enemigo ha pasado a la Historia. La guerra es para causar el mayor daño posible a tu adversario, así que si lo matas no le haces el daño suficiente, o eso es lo que han pensado los señores de la guerra. Para causarle ese daño que pretendes hacerle, lo has de inutilizar, pero dejarlo vivo. Ese es el fin de la guerra química. A tal efecto, son muchos los países que, en secreto, están desarrollando una nueva generación de armas químicas que no matan, sino que incapacitan al adversario. ¡Malditas cabezas pensantes!. Espero que, para asegurar su efectividad, las prueben ellos primero. España, que algunos creen que nunca ha roto un plato, fue uno de los pioneros de la guerra química.
Entre los años 1921 y 1927 las tribus del Rif, en la región montañosa del norte de Marruecos, se sublevaron contra las autoridades coloniales españolas y francesas dando lugar a todo tipo de enfrentamientos cuyo contenido todavía sigue en discusión a día de hoy. Para recuperar rápidamente el orden en la zona se utilizaron por primera vez, armas químicas contra los rebeldes bereberes. Claro que eso fue antes de que se firmara "el protocolo de Ginebra"
por el cual quedaba prohibido en la guerra el uso de gases asfixiantes o bacteriológicos. El empleo de estos gases ya había sido probado en la Primera Guerra Mundial, aunque España todavía no los había utilizado. En fin, es lo que hay. Óxido nitroso, fentanilo, halotano, etc. son alguno de los anestésicos actuales que dejan K.O. al enemigo sin matarlo.
Al menos sobre el papel, las armas químicas producidas antes de la firma del Protocolo de Ginebra fueron destruídas, pero mucho nos tememos que hay miles de ellas que escaparon a dicha destrucción. No es una opinión de quien escribe, sino una seguridad de la mayoría de los países firmantes. Claro que esta realidad es difícil de probar y denunciar. Lo que sí se sabe es que algunas bandas terroristas han usado armas de este tipo, por lo que se teme que esta clase de elementos pueda emplearlos a placer en cualquier movimiento revolucionario. Lo más terrorífico es que los antídotos disponibles son insuficientes para inmunizar a las posibles víctimas que pudieran neesitarlos. Solo el tiempo nos dirá si estas sustancias podrán ser neutralizadas en el caso de ser necesario.
Rafael Fabregat Condill
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