La ciencia investiga las causas, el órigen físico de la locura, puesto que el 25% de la población mundial presenta algún trastorno mental, aunque sea leve y pasajero. Estos datos, son sin duda alarmantes porque, además de los casos de locura o esquizofrenia, crónicos e incurables, incluyen otros más fáciles de controlar como la ansiedad, el estrés, etc. que efectivamente sufrimos la mayor parte de nosotros. Pero... ¿por qué ocurre esto?. Esa es fundamentalmente la respuesta que los médicos buscan, porque encontrarla será la llave para su curación. Lo cierto es que de la mente se sabe muy poco. Hasta hace menos de un siglo, a esas personas afectadas por estas dolencias, se las consideraba víctimas más espirituales que físicas pero en la actualidad la medicina tiene claro que esos comportamientos son claramente físicos.
Por lo tanto es en el cerebro donde se busca el por qué de tales trastornos. Ciertamente es un problema difícil de descifrar. La medicina no encuentra evidencias claras que demuestren los motivos concretos que produzcan estos trastornos cerebrales, lo que les sugiere que, en la mayor parte de los casos, pueden deberse a una cuestión genética o ambiental. Hoy se sabe que el 99,99% de los humanos tenemos un genoma idéntico, sin embargo esa centésima porcentual es la responsable de la gran diversidad que hay entre nosotros. Comparando los mapas genéticos de personas mentalmente sanas, con respecto a enfermos esquizofrénicos, por ejemplo, la medicina espera encontrar un gen con pequeñas variaciones, que solo se encuentre en las personas afectadas.
Lo siguiente sería reparar ese gen y encontrar fármacos que corrijan el trastorno, o que le den más protagonismo a aquellos que funcionan correctamente. Se considera digno de estudio el tomar a familias altamente afectadas, aislando secciones concretas de su ADN, a fin de comprobar la forma en que éstas se presentan en los indivíduos afectados. El hecho de haber encontrado los genes que afectan a estos trastornos ya es un punto de partida para la futura curación del problema. Incluso se espera poder llegar a detectar la enfermedad de forma preventiva, o sea, antes de que aparezcan los primeros síntomas de la misma. De momento solo nos queda confiar en los progresos de la neuropsiquiatria sobre la mente humana y en los fármacos que van mejorando la eficacia terapéutica. Los científicos trabajan cada día en encontrar soluciones que arrojen esperanza a los afectados y a sus familias.
Rafael Fabregat Condill
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