La Quinta Avenida se inundó de banderas de Puerto Rico, salsa atronadora y decenas de carrozas con vestidos tradicionales y cientos de espectaculares bailarinas en biquini. Digamos que éstos están "a salvo" de los problemas que se les pueden presentar a los que quedaron en la isla, pero también aprovechan para pedir antiguas reivindicaciones de independencia o de avances hacia un Estado más de Norteamérica que les otorgue derechos de los que ahora carecen.
Que Puerto Rico tiene materia prima nadie puede negarlo. Falta, eso sí, encauzarlo todo para su correcto aprovechamiento. Aunque los Estados Unidos no presionan en demasía, todos saben que la deuda con ellos es impagable y esperan una solución que les dé solución y garantías, puesto que en este momento las finanzas públicas de Puerto Rico están en un callejón sin salida. La isla debe 72.000 millones de dólares a Norteamérica, una minucia comparada con los 320.000 millones que adeuda Grecia a Europa, pero suficientes para que se hayan despertado las alarmas. La debilidad económica de Puerto Rico ha provocado su estancamiento, el aumento de la deuda y la emigración de sus gentes, haciendo imposible su recuperación.

Cientos de negocios están liquidándose por falta de luz al final de un túnel que nadie sabe si tiene salida. Los Estados Unidos cuidaron el "huerto" mientras les fue de utilidad pero últimamente parece que se han desentendido de sus obligaciones, ante la incapacidad de recoger sus inversiones. Es la vida, el mundo de las políticas totalitarias. Cuando una finca deja de ser rentable se abandona, de la misma manera que se abandonan las plantas y árboles que contiene y a los que en ella laboran.
RAFAEL FABREGAT
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