La denominación de este territorio británico de ultramar es el de Islas Vírgenes Británicas. De estas 50 islas solo 15 están habitadas. Las cuatro más importantes son: Tórtola, Virgen Gorda, Anegada y Jost Van Dyke.
En total ocupan una superficie de 153 Km2 y suman unos 25.000 habitantes, de los cuales el 83% son negros, el 7% blancos, el 6% mestizos, el 3% indios autóctonos y el 1% restante de otras razas. Su capital es Road Town, en la que vive casi la mitad de la población total. La moneda es el Dólar estadounidense.


A finales del siglo XVII el archipiélago quedó repartido entre Inglaterra y Dinamarca. En 1.917 Estados Unidos compra a los daneses su parte -Saint John, Saint Thomas y Saint Croix- por 17 millones de dólares, por lo que el resto de las islas quedan denominadas Islas Vírgenes Británicas. En 1.960 obtuvieron el estatus de colonia separada y en 1.967 obtuvieron su autonomía. Desde entonces, las islas se han convertido en una de las áreas más ricas del Caribe al dedicarse en exclusiva al turismo y al sector financiero. De todas formas el Poder Ejecutivo sigue siendo del Reino Unido, al igual que su Defensa y Asuntos Exteriores. Gracias a sus privilegiadas condiciones fiscales, en menos de una década se han registrado en el territorio más de 250.000 empresas.

Algo deben tener estas islas cuando las mayores fortunas del mundo tienen propiedades en ellas. Serán sus aguas, o sus condiciones fiscales. Un poquito de todo, pero más de esto último. Dicen que Richard Branson tiene su propia isla y los Rockefeller tienen allí propiedades, sin contar que la banca española fleta con ese destino sus más lujosos barcos. Lo que más gusta a los navegantes adinerados es fondear seguros y esto está garantizado en estas islas donde por un módico importe tienes tu propia boya y donde el dinero -en cantidad- siempre es bien recibido, venga de donde venga...

Eso hace que encuentren sorpresas agradables y diferentes en cada jornada de su estancia en las islas.
Quien escribe es viejo y sin posibles, aunque tiene la fortuna de vivir junto al Mediterráneo.
Claro que, leyendo el párrafo anterior, uno se da cuenta que no es nada y que lo de estas islas caribeñas deben ser otra cosa bien diferente.
Quien escribe es viejo y sin posibles, aunque tiene la fortuna de vivir junto al Mediterráneo.
Claro que, leyendo el párrafo anterior, uno se da cuenta que no es nada y que lo de estas islas caribeñas deben ser otra cosa bien diferente.
Sin duda alguna, ser joven y adinerado en las Islas Vírgenes, debe ser algo así como estar en el Paraíso... ¿O no es así?.
Y mientras tanto, cada día mueren en el mundo miles de niños de hambre. ¡Vaya mierda de mundo!.
RAFAEL FABREGAT
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