
Étnicamente antiguos eslavos nómadas, los cosacos eran gente indomable que no admitía orden impuesto por nadie. Eran pues gentes amantes de la libertad que se instalaron hacia el siglo X en las estepas del suroeste asiático, en lo que actualmente son tierras de Rusia y Ucrania. Se trataba pues de valientes guerreros cuyo equivalente de aventureros u hombres libres, para la denominación de cosacos, se encuentra por vez primera en un escrito del año 1.395.

Aunque el término de cosacos denomina a varios grupos de polacos y tártaros, el principal hace referencia a los cosacos rusos y ucranianos instalados en las orillas de los ríos Don, Kubán, Terek y Ural. Siguiendo la tradición, el término cosaco (Kazak) debe ser escrita y leída de izquierda a derecha y al revés, tanto en su transcripción eslava como en las diferentes lenguas Túrquicas. En 1.670 se proclamó el sistema republicano con la denominación de Estado Cosaco del Don y capital en la ciudad de Astracán, a orillas del Volga.

Tras la desaparición del Imperio ruso en 1.914 intentaron formar nuevamente una república independiente que, uniéndose con los cosacos de Kubán, contaría con diez provincias en régimen de estado federal independiente y capital en Novocherkassk. No pudo ser.
En la época de la Unión Soviética y muy especialmente durante el gobierno de Stalin los cosacos fueron expuestos al exterminio. Dos tercios de la población cosaca fueron asesinados en los primeros diez años. Muchos de ellos consiguieron salvarse al integrarse en otras zonas y poblaciones. Para camuflarse y escapar del exterminio, cambiaron sus costumbres y tradiciones. Desde finales del siglo XX los descendientes de aquellos nobles guerreros parece ser que están resurgiendo rápidamente.

De todas formas el grueso de esta raza de luchadores indomables se encuentra completamente esparcida a lo largo y ancho del mundo, sobre todo en la Federación Rusa, desde el mar Báltico hasta el océano Pacífico. Extraoficialmente las cifras que se barajan es que, entre ambos sexos, pueden haber hasta 10 millones de personas que se consideran a sí mismas cosacos de origen, o descendientes directos de los mismos.

Lo importante es que aquella raza especial de hombres que ansiaban ante todo la libertad, siguen existiendo a lo largo y ancho del mundo de hoy, manteniendo con toda seguridad aquellas ideas vanguardistas iniciadas tantos siglos atrás. Que sea pues para muchos años...
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