6 de febrero de 2014

1253- BARCOS FANTASMA.

Decenas de barcos viajan a la deriva por los océanos del mundo. Unos decrépitos y completamente oxidados, otros relativamente nuevos. En esta primera fotografía que os presento está el Lyubov Orlova, en mitad del Atlántico Norte, a 1700 Km. de la costa más cercana. Completamente abandonado viaja lentamente hacia Irlanda, aunque poco a poco irá desviándose y surcando el mar hacia un destino incierto. 


¿Cual es el por qué de estos abandonos?. Pues sin duda la poca rentabilidad de su desguace y los vacíos legales al respecto de la contaminación marítima internacional. El barco antes señalado (Lyubov Orlova) es un crucero ruso con 100 metros de eslora y capacidad para 237 pasajeros que realizaba recorridos turísticos por el Ártico y que fue confiscado por las autoridades canadienses. En traslado hacia el desguace se rompieron las amarras del remolcador en pleno temporal y Canadá ordenó al remolcador regresar a puerto dejando al crucero a la deriva. Por increíble que parezca, debido al escaso interés de los desguaces, al más mínimo contratiempo, los barcos se abandonan sin pensar en la contaminación medioambiental y el riesgo de accidente que pueden representar.


El Lyubov Orlova no es una excepción. Decenas de barcos navegan por el mundo a la deriva y no todos son como el crucero ruso antes señalado, no. Muchos de ellos son un amasijo de chatarra que, por un auténtico milagro, siguen manteniéndose a flote. Por poco tiempo, claro está. Más pronto o más tarde se abrirá una vía de agua y se hundirán al fondo del océano. Es el triste destino que les espera. Sin embargo, en un mundo tan avanzado como el actual, no es aceptable que ocurran estas cosas de forma incontrolada. Aún sin apenas rentabilidad, el desguace de los barcos fuera de servicio debería ser obligatorio a fin de mantener la limpieza de los mares.  


Parece inconcebible que con la actual vigilancia internacional y los diferentes peligros que este hecho conlleva, sigan proliferando tales abandonos navales. Unos en mitad del océano y otros próximos a la costa pero todos ellos causando un peligro letal para el medio ambiente y para los pescadores y demás navegantes. No tiene sentido. Desguazado o hundido en zonas profundas pero, en ningún caso, debería permitirse el dejarlo a la deriva.

RAFAEL FABREGAT


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