Solo en las frías aguas de las Islas Orcadas, al norte de Escocia, hay almacenadas bajo el mar 860 de estas grandes instalaciones, interconectadas entre sí mediante cables transoceánicos. Se preguntarán quizás quien es su propietario y controlador de nuestras vidas. Pues muy fácil, porque tampoco ellos se esconden: Hasta hace poco Amazon era socio mayoritario con el 34%, Microsoft el 17%, Google el 8% y AlíBabá e IBM el 4%. El resto ya son fondos y sociedades bursátiles que compran y venden sus acciones, sin tener nada que ver directamente con el negocio. Valores y miserias. En esas supercontroladas instalaciones lo tenemos todo. Nuestros documentos, las fotos de nuestra boda, la Comunión de nuestros hijos y hasta las fotos de nuestras amantes, quien las tenga.
Y si un día la foto de su amante la borró para que su mujer no la pillara, olvídese, porque usted la borró pero la nube sigue guardándola. El sistema no es tan inofensivo como pensamos, sino un libro de sorpresas que quizás algún día lamentemos.
La gente normal, pobres ignorantes, nos encogemos de hombros como si la cosa no fuera con nosotros. Nuestra vida no vale nada, pensamos, pero no es verdad. Nuestra vida es tan valiosa que en este momento, cuando en la nube solo hay un 20% de los datos mundiales, ya se ganan 100.000 millones anuales de Euros. Se estima que en 2024 ya estarán en la nube el 88% de los datos de la población mundial. Caemos voluntariamente en sus redes por simple comodidad. Ya no necesitamos grabar discos duros, puesto que "ellos" se brindan a guardarnos todo sin coste alguno.

Almacenamiento ilimitado y gratis... ¿Hay en este mundo algo que realmente sea gratis?. Lamentablemente no, aunque lo parezca. Tu no pagas, pero tampoco cobras por todo lo que tu información vale para ellos. Nosotros, los simples mortales, todo lo mandamos a la nube, como si realmente fuera un universo vaporoso e inofensivo, pero nada más lejos de la realidad.
La nube es en este momento el negocio más lucrativo que existe en el mundo, muy por encima de las redes sociales y la venta on-line. Allí no hay una voz por encima de otra, como ocurría hasta hace poco en las Bolsas del mundo. Allí todo es silencio y si hay algo que decir es con un susurro, como si fuera la más imponente de las catedrales, que sin duda lo es.

RAFAEL FABREGAT
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