
Yo creo más bien que, entre los pobres, también hay gente sufrida y/o educada que aguanta lo de Dios es Cristo. No solo son gente educada los ricos, donde todos sabemos que abunda también la "basura". Gente correcta e incorrecta la hay en todas partes y en todas las categorías sociales. Desde luego es incuestionable que la gente pobre suele tener una educación básica y poco más, pero en las últimas décadas esto está cambiando. Los pobres mandan sin duda a sus hijos a Institutos y Universidades públicas, puesto que su economía no les permite acceder a los colegios privados, a no ser que sean concertados. Aún así el tema de la educación ha mejorado mucho, eso sin contar que los depredadores nacen, no se hacen.
El maleducado no es siempre el que tiene menos estudios, sino el que ha nacido con los genes correspondientes a un abusador y sinvergüenza. Que además de no tener educación sea un malcriado es tema aparte que, naturalmente, suma en la cuenta de lo negativo. Cuando uno tiene una cierta categoría social o una abultada cartera, te llevan a una sala VIP y te ofrecen entretenimiento y la mejor copa para que esperes cómodamente la salida del avión. Entre algodones te llevarán después al avión y, por supuesto, a una parte de éste donde todo son agasajos y amplios y mullidos asientos. Eso sin contar que normalmente estos aviones no suelen tener retrasos significativos. Sin embargo el viajero low cost, tendrá aguantar casi siempre retrasos, acceder al avión muchas veces con una "jardinera" (bus-lanzadera) y subir por la escalerilla de acceso.

Yo he sufrido retrasos de hasta siete horas, más las tres reglamentarias de anticipación en aeropuerto. Nos compensaron con un vale de 38,-€ por persona para que cenáramos gratis mientras esperábamos la salida, pero no compensa la espera. El vuelo era a Sevilla, donde llegamos a las dos de la madrugada, más un traslado en autobús a Huelva. A las cuatro llegamos al hotel, donde nos esperaba otra "cena fría" para que, al menos, no nos fuéramos a la cama con hambre, pero seguimos sin compensar el retraso pues al día siguiente estábamos hechos polvo.
Con 38 euros no se paga la tarde completa pasada en el aeropuerto y la pérdida de las horas de sueño. Tampoco con 76 €. Era éste un viaje del IMSERSO, motivo por el que nadie se movió con rapidez a buscar soluciones ante un avión con problemas. Nadie era allí VIP. A la sexta hora de espera los ánimos empezaron a caldearse. Los gritos y maldiciones se oyeron por todo un aeropuerto ya vacío de pasajeros, todos ellos ya volando o en destino. La algarada fue de tales dimensiones que provocó la llegada de la Guardia Civil que nos atendió respetuosa. De inmediato se preparó para nosotros un grandioso avión de vuelos intercontinentales que había aparcado a casi 2Km. de la Terminal. Siete azafatas pululando entre los dos pasillos agasajando a "los vejetes", ofreciéndonos de todo ¡y gratis!. Demasiado tardamos en rebelarnos...
RAFAEL FABREGAT
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