
La primera vez que visitamos el poblado de La Estrella, más de 20 años atrás, fue a partir de la monumental Virgen que hay junto a la carretera que lleva a Mosqueruela. Unos 12 Km. de camino de tierra, entonces intransitable a consecuencia de unas recientes lluvias otoñales. Parece que el viejo poblado se resiste a la llegada de forasteros, no le gustan las visitas. En un punto del estrecho recorrido y con un profundo barranco a la izquierda del mismo, nos cruzamos con un vehículo que subía.
El cruce de vehículos parecía de todo punto imposible, pero a aquel señor esto le pasaba todos los días y no se amilanó. Yo paré mi coche con dos ruedas sobre la montaña y él siguió camino con la tranquilidad del que circula por la mejor de las autopistas.
En el cruce de ese camino con el que lleva a Villafranca del Cid encontramos a Sinforosa con un pequeño rebaño de ovejas. Le preguntamos cuanto faltaba para llegar al poblado de La Estrella y allí, sin más, nos contó toda su vida. Junto a su marido y su hijo, eran los únicos habitantes que quedaban y menos que serían en breve, pues nos contó que su hijo estaba cansado de tanta soledad y estaba a punto de marchar a Villafranca donde ya tenía casa y trabajo. Efectivamente su hijo marchó poco tiempo después de nuestra visita al lugar.
Como he dicho antes Sinforosa era bastante parlanchina y nos habló de su esposo y contó varias anécdotas del lugar que íbamos a visitar, de la misma manera que nos recalcó que nuestro regreso debía ser forzosamente por el mismo camino puesto que el río Monlleó bajaba muy crecido y el camino a Villafranca estaba cortado por varios desprendimientos.
Desde entonces hemos estado no menos de seis veces y una más que, siendo por la parte de Vistabella y no conociendo el camino, nos equivocamos y llegamos a Villafranca sin pasar por La Estrella. En esa ocasión llevábamos a nuestra hija Ana que estaba interesada en visitar el lugar y ante semejante fracaso convinimos volver el siguiente domingo.

Desde luego el caso no es para menos. Son muchas las historias allí sucedidas, no todas para bien, pues el lugar fue en otro tiempo de oscuridades e incertidumbres.

Aunque parezca raro, dada su extraña ubicación y escasos habitantes, el poblado de La Villeta siempre fue muy conocido. Los numerosos milagros de la Virgen, sus tabernas y el nacimiento del famoso torero Silvino Zafón entre sus paredes, le dieron popularidad y prestigio. El "Niño de La Estrella", triunfaría en la plaza Monumental de Barcelona, ciudad a la que habían emigrado sus padres unos años antes escapando de la miseria de un poblado ya casi abandonado. El famoso torero no murió corneado por los morlacos, como algunas lenguas dirían en su momento, sino por un accidente de moto muy frecuente en aquellos años de 1963, cuando España empezaba a reponerse del hambre de la dura posguerra española.
Los visitantes, agradecidos por las atenciones de Martín y Sinforosa, les preguntan hasta cuando aguantarán allí en lo profundo del barranco Monlleó.
- Hasta que duremos -dicen ellos- que no será mucho...
RAFAEL FABREGAT
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