El aumento de la temperatura global, la desaparición del hielo polar y las grandes sequías o inundaciones que suceden en diferentes puntos de la Tierra, nos indican que el clima está cambiando a marchas forzadas. Pararlo será cada día más difícil. Puede que cuando de verdad queramos hacerlo sea demasiado tarde. El mundo, nuestro mundo, está incapacitado para alimentar a tantos millones de personas. La humanidad, en su enorme capacidad de transformación, ha conseguido desarrollar las técnicas necesarias para alimentarnos a todos, pero eso ha exigido cambios medioambientales que el planeta no puede soportar.

China, el países con más habitantes del mundo, ha eliminado la limitación de procrear que tenía, a fin de mantener su capacidad productiva. ¿Nos hemos vuelto locos?. Pues parece que sí. Pero no la gente de a pie, que nos movemos de un lado para otro como las ovejas de un rebaño. El problema es la locura de nuestros dirigentes, aquellos que en verdad mueven el mundo, siempre pensando en la economía y no en el bienestar de los gobernados, que es el de la humanidad. ¿Para qué servirá el dinero cuando la vida desaparezca del planeta?. Nosotros no pintamos nada, pero los que mandan deberían saber que también viajan en el mismo barco y también naufragarán con nosotros.
Apenas un siglo atrás, no había tractores ni abonos artificiales para fertilizar la tierra y solo aquellas verdaderamente fértiles o las que los agricultores conseguían abonar con estiércol animal o incluso quemándolas con rastrojos y ramas de la poda, eran capaces de producir mínimamente. De la misma forma el agua estaba allí donde, de forma natural, brotaba o conseguían transportarla con grandes esfuerzos. Hoy, ya en pleno siglo XXI, el agua se busca debajo de las piedras e incluso se desaliniza la del propio mar. En cuanto a los abonos, incluso se mezclan con el agua de riego y se producen alimentos sin tierra alguna. Pero, ¿qué mundo es este, en el que nos reímos del clima, de la naturaleza y hasta del propio Dios?.
Ojalá me equivoque, pero creo que pagaremos muy cara la burla que le hacemos al planeta. Está claro que alimentar a más de siete mil millones de personas, de forma natural, no es posible. Soy de los que creen que no podemos ir en contra de la naturaleza y no es factible que la Tierra acoja más habitantes de los que buenamente pueda alimentar, pero eso es justamente lo que se está haciendo en este momento y subiendo día tras día. Todos sabemos que eso explotará en breve espacio de tiempo pero, ¿qué se hace para impedirlo?. Yo no lo veré, pero tampoco querría que lo vieran mis nietos y mucho me temo que el final se aproxima rápidamente. Veremos que opinan nuestros gobernantes y cuales son las medidas que implanten para corregir tales despropósitos.
RAFAEL FABREGAT
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