El mismo empresario regentaba un afamado burdel en la vivienda que había sobre el Hall del teatro, aunque posteriormente fue obligado a trasladarlo. El nuevo tugurio quedó sabiamente montado en la casa adyacente al teatro, lugar ideal para que, tras la función nocturna, los clientes siguieran la fiesta. A tener en cuenta también que, tras este último pase de variedades, había uno más denominado "solo para hombres" y que empezaba tras un intermedio de quince minutos. Era un suplemento gratuito de apenas un par de actuaciones en el que algunas vedettes solían actuar con la misma ropa que llegaron al mundo. Mientras empezaba, unos quedaban fumando un cigarrillo, mientras otros acompañaban a casa a novias o mujeres y volvían... si les dejaban.
Pero vayamos atrás en el tiempo y buceemos un poco en la historia de nuestro pueblo, dando una interesante pincelada medieval...
Con una Península Ibérica dominada por los moros, el año 1091 los castillos de Sufera y Miravet fueron reconquistados por Pedro I de Aragón y su cuñado Bocalla Ferrench, casado con su hermana Sancha, hijos ambos del rey Sancho I de Aragón. Bocalla Ferrech ya había acompañado anteriormente al rey Sancho I de Aragón en la conquista de la antigua "Gallícolis" romana (depués llamada Luna) por cuyos servicios el rey le dio en señorío aquellos territorios. A partir de entonces se conocería como
Bocalla de Luna, siendo de su descendencia el famoso papa Benedicto XIII, apodado el Papa Luna.
Volviendo al Castillo de Miravet, aquel histórico año de 1091 los moros huyeron despavoridos ante la llegada de las tropas aragonesas capitaneadas por Bocallá de Luna, mientras Pedro I esperaba refrescándose en las aguas de la "Font de Miravet", fuente que hay a los pies del cerro en el que se asentaba el castillo en cuestión. La victoria fue total, pero los aragoneses estaban de paso y apenas dejaron pobladores, motivo por el cual doce años después (1103) el Castillo de Miravet volvía a ser dominado por los almorávides. Ya nada queda de aquellos años de esplendor y muy poco del histórico enclave donde se forjaron los genes de los futuros cabanenses todavía nonatos como tales. Cabanes habría de esperar algo más de un siglo a la conquista definitiva de la zona por Jaime I de Aragón (1234) y a la fundación del nuevo pueblo en 1243.
Bueno o malo, en Cabanes todo se hizo a lo grande. El escenario de su Teatro Benavente, hoy vacío y desangelado, vio pasar a las más importantes compañías de "revista", a los más famosos cantantes y también a un interesante elenco de artistas locales de teatro, con la puesta en escena de numerosos sainetes y obras de gran renombre. Desde el primer momento el cine llegó también a la población y a finales de la década de 1950 Cabanes tenía tres cines: el Teatro-cine Benavente y los cines de verano Astoria y Trinquet. Finalizada esa década cogió la explotación un nuevo empresario local (Laureano Boira) que tomó gran interés en llevar a su pueblo los mejores espectáculos de variedades y también las películas más famosas del momento.

Porque en Cabanes se comería poco y mal, pero siempre había dinero para llenar bares o tabernas y muy especialmente el aforo del Teatro Benavente. Gente sabia, diría yo, que aprovechaba su vida lo mejor que se podía en aquellos tiempos de posguerra. Años de escasez pero de máximo esplendor para el pueblo de Cabanes, en los que el citado empresario se afanaba en llenar el Teatro Benavente y sacar la consiguiente rentabilidad, como el que saca agua de debajo de las piedras.
Cada vez que alguna figura llegaba a la capital provincial de Castellón el promotor de turno sabía que podía contar con un día más de negocio en la vecina localidad de Cabanes, un pequeño pueblo de 2.400 habitantes pero que permitía colgar siempre el cartel de NO HAY ENTRADAS. Previo paso obligado por el "Café de la Perra", los famosos cantantes y las supervedettes más pícaras y espectaculares se daban cita en aquel escenario, inusualmente grandioso para un pueblo tan pequeño, provocando a los espectadores de los palcos que simulaban querer subirse al escenario, provocando la sorpresa de las vedettes y la hilaridad de todos los asistentes.
Tiempos extraordinarios que, lamentablemente, no volverán...
RAFAEL FABREGAT
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