

Ya sabemos que resulta difícil de comprender que salvar a los Bancos, que nos roban a manos llenas, era una medida necesaria, pero creo que era obligado hacerlo así o se hubiera ido todo al garete. Invirtieron demasiado y, ante el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, se quedaron sin liquidez. No estoy justificando al Gobierno ni a los Bancos pues es de todo punto injusto que el principal peso de la crisis tengamos que soportarlo justamente los que menos tenemos, pero también creo que, una vez dentro del pozo, no había otra alternativa. Los ricos son demasiado listos y tienen demasiados mecanismos a su alcance para escapar de los pagos que de forma proporcional puedan corresponderles.
Que más nos gustaría a todos, que cada cual pagase a proporción de lo que tiene, pero esa es una utopía que jamás de la que se habla mucho pero nunca se alcanza. El pez grande siempre se comió al chico. Otra cosa que no admite la gente humilde, que somos los más, es que bailemos al son que tocan los países ricos pero, ¡ay amigos!, ellos son los acreedores, los que pusieron el dinero para que España no se declarara en quiebra y, como dueños que son del dinero que llevamos en nuestra cartera, exigen una serie de garantías que no podemos negarles. ¿Difícil de comprender?. Pues bien, no parece tan difícil.
Se trata simplemente de intentar situarse en la parte contraria. Imaginemos, que es mucho imaginar, que tengamos unos milloncejos en el Banco y que, cuando nos toca cobrar los intereses, la entidad nos dijera que no puede pagarnos porque las gentes a quienes les prestó nuestro dinero no atiende los pagos...
¿Están de acuerdo en no poder rescatar su dinero y dejar de cobrar los intereses, porque a quien lo está utilizando no le han salido las cosas bien?. En cuanto a la economía nacional, todos sabemos en que condiciones estaba el país en 2011 cuando entró en el Gobierno el Partido Popular. ¡Bancarrota absoluta!.
Nadie daba un duro por nosotros. Reanimar a un muerto es difícil, pero lo es más todavía devolverle la salud perdida y ponerlo en circulación. Todos sabemos que los milagros no existen. Nadie los hace y menos aún aquellos que los prometen con alegría. La valentía y la honradez, como en la mili, se presupone pero después sale lo que sale. Corruptos los hay en cualquier parte; en la izquierda, en la derecha, en el centro y hasta dentro de las religiones más arraigadas. ¿Quien no ha pagado algún servicio sin factura, si le han brindado esa posibilidad?.
- ¡Solo del IVA te ahorrarás la quinta parte de la factura! -te dicen- y tú respondes:
- ¡Hostia, perfecto!.
Yo siempre he sido apolítico y hoy más que nunca, por el natural desencanto. Mi meta en la vida ha sido la autosuficiencia. No depender de nadie para llegar al rellano elegido de la escalera de la vida a mi aire. Naturalmente ese rellano no lo situé excesivamente alto, pues era consciente de mi mediocridad, pero la vida me ha enseñado que la constancia y el espíritu de sacrificio obran muchas veces el milagro de alcanzar ese tipo de metas, que no están tan altas si quieres trabajar y sacrificarte. No valen las lamentaciones y menos aún la confianza en la ayuda de los demás. Pobre de aquel que siempre vive confiando en que sean otros quienes le saquen las castañas del fuego. El que quiera comerlas tiene que quemarse. ¡O no aspirar a ellas, que es otra opción...!
RAFAEL FABREGAT
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