
Días después Pedro III de Aragón y su esposa Constanza II de Sicilia desembarcan en la isla en medio del júbilo general de la población. Es la libre elección de un pueblo que renegaba del poder francés y restauraba los derechos de la Casa de Suabia en la persona de Constanza II, hija de Manfredo I de Sicilia, a quien el francés Carlos de Anjou le había arrebatado el trono en 1266. El papa Martín IV (nombrado por el francés) excomulga a Pedro III y lo amenaza por su falta de obediencia a los pactos firmados por su abuelo Pedro II tras la Batalla de Muret, que le dan potestad para quitarle la corona, privando de los sacramentos a quienes le obedecieren.

Carlos de Anjou, hijo de Felipe III de Francia, intentó recuperar Sicilia pero, en lugar de conseguir ese objetivo, perdió Nápoles, Malta y otras islas próximas, así como la casi totalidad de sus naves. Él y otros importantes caballeros italianos y franceses fueron capturados en la nave capitana. Los sicilianos pidieron su cabeza pero la Reina Constanza II de Sicilia, en un alarde de generosidad, le perdonó la vida y lo recluyó en Barcelona. Puesto en libertad y no escarmentado, en un ataque posterior de Carlos de Anjou nuevas naves fueron derrotadas, siete mil soldados franceses muertos y su poderío naval desaparecido de las aguas mediterráneas.

- "Es fácil tomar y dar reinos que nada han costado, pero los míos han sido comprados con la sangre de mis abuelos y deberán ser pagados al mismo precio".
Las tropas de Pedro III resisten una y otra vez los ataques cruzados. Finalmente una epidemia obliga a los atacantes a retirarse a los Pirineos desmoralizados pero, en el collado de Paniza, Pedro III les sale al paso y los aniquila.
De los 300.000 cruzados solo 40.000 salieron vivos. Felipe III muere en la batalla y a Francia le es imposible llevar a cabo la conquista de Aragón. El mismo fatídico año 1285 muere su hijo Carlos de Anjou, el papa Martín IV y el rey aragonés Pedro III. Al rey francés le sucede su segundo hijo, Felipe IV de Francia, que en 1284 se casaría con Juana I de Navarra, pero esa es ya otra historia. Aquí de lo que se trata en esta entrada es de lo perversas que pueden ser las decisiones de una persona poderosa y del daño que pueden hacer a sus semejantes. Por culpa de la prepotencia de Martín IV, papa nº 189 de la Iglesia de Roma, en los tan solo cuatro años que duró su mandato murieron decenas y decenas de miles de personas sin culpa alguna.
RAFAEL FABREGAT
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