
Sin embargo, ¡al césar lo que es del césar...!
No veo yo que tenga que pagar la factura de la crisis. No es él quien la trajo, ni tiene la culpa de no poder aportar soluciones válidas. El problema es de difícil solución y todos los países afectados están luchando con todas las armas a su alcance sin que ninguno, excepto Alemania, lo esté consiguiendo plenamente. Llegará, pero costará.

Para quienes no lo sepan, en Alemania la operación Cheque bebé consiste en una importante reducción de la jornada laboral, cobrando dos tercios del sueldo y hasta un máximo de 1.800 €
durante doce meses. En el caso de que el otro progenitor tome otros dos meses más, el plazo se amplía a catorce meses. Se calcula que la medida significa un beneficio de 25.500 € por cada hijo.


Carcamales de ideas trasnochadas y casi caducas se unen a una juventud representativa del aire fresco, pulmón de un partido que siempre tendrá su lugar en la sociedad. Unos y otros son necesarios para ponderar soluciones viables en cada momento y circunstancias de la vida diaria. Solo falta la capacidad necesaria de sus dirigentes para encontrar el camino correcto, ese camino que no puede darlo ni un carcamal ni un novato. Es entonces cuando un gran presidente y un gran gobierno, a la vista de tan grandes contrastes, toma el camino consensuado que puede ser el más conveniente. Eso de hacerse lo que yo digo, porque lo digo yo, no tiene validez en el mundo actual.

El gobierno parece haber olvidado que las mejoras del trabajador no se obtienen presionando a los empresarios, sino favoreciéndoles. Nadie crea una empresa para perder dinero ni para crear puestos de trabajo. Eso viene por añadidura. Uno no se hace ni siquiera autónomo para ganar lo mismo que siendo simple trabajador, aunque sea esto lo que está ocurriendo en la actualidad. Crear una empresa, por pequeña que sea, significa emplear un dinero (que normalmente no tienes), no dormir durante la noche y correr el riesgo de perderlo todo. Eso no puede hacerse ganando lo mismo que aquel que solo aporta su físico. No hablemos ya de empresas de nivel medio, con gran inversión en infraestructuras de todo tipo que, en la actualidad tiene beneficio cero y cuyos propietarios están aportando su propio patrimonio para evitar el cierre. De las grandes... ¡ni hablemos!

Nadie ve al empresario al que le faltan los pedidos y le acosan las letras. Tampoco cuando alguna entrega se le queda por cobrar. En cambio sí le ven cuando hace un cambio de coche, motivado algunas veces por hacer un simple incremento de la facturación, esquivando así algunos pagos con los que la Administración le acosa.
Hoy, justamente motivado por la dura crisis que ha dejado en la calle a tantos trabajadores, el número de autónomos se ha elevado notablemente. No quiero mal a nadie, pero bien vendrá a más de cuatro saber lo que es eso. Ahora sabrán lo que es ganar igual o menos que un trabajador cualquiera, dormir poco y mal y, correr el riesgo de perderlo todo.

- Calla, calla! Que et creus, que jo estic loco o qué?
¿Listos? Pues... probablemente sí. Gente con una imagen muy superior a la de sus jefes y que han tenido (y tienen) la posibilidad de trabajar por su cuenta, en la seguridad de que los clientes les seguirían allá donde fueran, renuncian a ello. No quieren problemas ni quebraderos de cabeza, les va bien acudir cada día al trabajo y al acabar su jornada laboral dejarlo todo y marchar hacia su casa sin mayor problemática, aunque con esa actitud vean reducidas sus posibilidades económicas y familiares.
- Si no hi ha prou, que treballe també la dona!
Naturalmente eso (en teoría) reduce sus ingresos y posibilidades de desarrollo personal y patrimonial, pero se adaptan a un sueldo y viven con arreglo a esas posibilidades... ¿sin ambicionar nada más?. No estoy seguro de ello ya que, cuando ven que otro cambia un coche o compra una casa, bien que miran y hablan de todo aquello a lo que ellos no pueden aspirar. No pueden acceder, porque no quieren comprometerse ni obligarse a nada...

Es el día a día por el que hemos de luchar y el único que puede sacarnos adelante. La famosa picaresca española, en el mundo de hoy no tiene futuro alguno. Solo el trabajo y el ahorro son capaces de hacer el milagro y eso nadie puede hacerlo por nosotros. Los pillos están viendo que su margen de maniobra se reduce cada día que pasa.
Diga lo que diga Zapatero y conteste lo que conteste Rajoy, tú casa solo tú puedes arreglarla y el único medio es trabajo y ahorro. ¡Con cabeza claro!

La crisis y la nula reacción ante las medidas adoptadas, tampoco ha ayudado.
Después de haber dejado las arcas vacías y endeudadas, el resultado ha sido cero y los españoles estamos viendo como, excepto la nuestra, todas las economías europeas van recuperándose. Aquí, mientras tanto, el que puede vive del cuento y poco hace por aportar su grano de arena.
Ya no es la derecha la que pide la dimisión de Zapatero, sino también los Sindicatos. Los propios trabajadores, en definitiva sus votantes, en un 65% piden su dimisión. Zapatero, ante la fuerte tempestad, se agarra fuertemente al timón y da nuevas órdenes a los "marineros", en un intento de salvar el barco y su puesto de capitán. Sin embargo el temporal arrecia y mucho nos tememos que, si Dios no lo remedia, la nave no tiene otro destino que el fondo del mar...
- ¡Izad la mayor! -ordena.
- Perdón... digo ¡arriad las velas! y abrir las escotillas -rectifica.
- (Uy, me he equivocado de nuevo) ¡Cerrad escotillas y quedad al pairo a toda vela!.
- ¡Vaya esto tampoco es! -piensa preocupado.
- ¡Que Dios nos pille confesados...! -decimos los españoles.
EL ÚLTIMO CONDILL
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