14 de septiembre de 2010

0155- LOS AÑOS PERDIDOS.

Me refiero lógicamente a la década de la crisis económica (2008-2018) y a la de 2020-¿2030? que con esto del Covid-19 nadie sabe cuando terminará, si es que algún día termina. De momento la economía mundial está en bancarrota, a excepción de China que, siendo el lugar de donde ha salido la pandemia, se está llevando para su casa el dinero de todo el planeta.
Ya son casi dos meses los que el mundo entero está encerrado en sus casas por miedo a un contagio que ya se ha llevado por delante más de 120.000 vidas (más de 20.000 españolas). Veremos cual será la cifra final y cuantos los meses que durará este encierro, al menos para los mayores que son los de mayor riesgo de contagio y de muerte por esta causa.
Nada más lejos de mi ánimo que asustar a la juventud; tampoco a los mayores inmersos en un clima de incertidumbre puesto que, con este panorama, nadie sabe cuales serán las decisiones del gobierno en materia de pensiones. Personalmente, lo que no podía soportar era la sonrisa entre burlona y picaresca que esgrimía el presidente Zapatero, que mandaba en aquel momento de la crisis económica, cuando se le preguntaba sobre el tema, la misma que esgrimía el actual, a principios de la Pandemia, cuando aseguraba que esto no era otra cosa más que una gripe más.

En fin, lo del 2008-2018 ya pasó pero yo y muchos españoles, agradeceríamos para esta clase de catástrofes (económicas o sanitarias) un semblante serio, preocupado por las incógnitas que se viven en el presente y de las que todo el mundo (y el ejecutivo más) está enterado. ¿Como puede un presidente de gobierno, con la que está cayendo, ir por los pasillos del Congreso (o por otros) con una sonrisa en la cara?. Yo entiendo que los tiempos no están como para ir sonriendo y cuanto más jodido esté uno, menos tolerará su sonrisa. En la crisis económica se recortaron cuotas de progreso, que costaron décadas y hasta vidas conseguir, y derechos a pensionistas y jubilados, como forma de corregir sus errores. Si estas políticas las llevara a cabo un gobierno de derechas se entendería y se criticaría con rigor, pero como resulta que lo lleva a cabo un gobierno socialista... ¡debemos entenderlo como una necesidad institucional!. ¿Se puede llamar social a una política que ataca justamente a los más débiles?. Porque no me dirán ustedes que no es el obrero, el simple autónomo y especialmente el jubilado los seres más débiles de una democracia en la que hasta los presos tienen sueldo y Seguridad Social... Tampoco soy precisamente yo, que he sufrido en mis carnes la injusticia de la falta de atención sanitaria, el más indicado para rechazar que se atienda a los emigrantes, con papeles o sin ellos, que tienen la desgracia de enfermar. 

Ningún país, por muy empobrecido que esté, debe dejar tirado en la calle a quien necesita ayuda sanitaria. Eso no puede ocurrir en ningún país civilizado, pero ocurría en España y no hace tanto. El año 1.975, con mi mujer a punto de dar a luz, fuimos rechazados del Hospital General de la Seguridad Social porque solo llevábamos cotizados diez meses y no los doce que se exigían como cotización mínima para tener derecho a hospitalización y por lo tanto para atender un parto u operación de cualquier tipo. Ante esta situación nos aceptaron (por caridad), previa solicitud de las autoridades locales de Cabanes, en el Hospital Provincial de Castellón y previo compromiso de pago de los gastos extraordinarios que se produjeran. Si señores, sí. Pobres de solemnidad, con una mano delante y una detrás, tuvimos que ir al Hospital Provincial de Castellón y pagar una parte de la cesárea practicada y los días de habitación correspondientes, puesto que a nada teníamos derecho. 

La imposibilidad de parto natural obligó a realizar una cesárea y, por normativas del centro, a pasar los (8) días de post-operatorio en habitación privada y no en la sala general que entonces era habitual en los partos naturales. Los gastos (cirujano + anestesista + estancia + extras) se vieron reflejados en una factura de casi 25.000 pesetas que éramos incapaces de pagar. Bien es verdad que nuestros padres nos prestaron el dinero necesario para atender el pago pero... Afortunadamente, al final no fue necesario. Comprobada nuestra situación económica, el capellán del centro sanitario Don Manuel Carceller (q.e.p.d.), natural de Cuevas de Vinromá y Sor María, superiora de la agrupación de monjas que atendían el citado Hospital, realizaron las gestiones necesarias para que pudieran ser aplicados todos los descuentos máximos posibles y el pago quedó reducido al 15% de la Factura que, aún así, superó las 3.500 pesetas que eran entonces el jornal de tres semanas de trabajo.

Díganme ustedes qué debe hacer un país cuando, sin cartilla de la Seguridad Social que justifique la atención a dispensar, se presenta un enfermo en un hospital... Atenderlo, ¿no?... ¡Pues eso!. Aquí de lo que se trata no es de negarle la atención sanitaria al desgraciado que la necesita, sino de evitar los enormes "agujeros económicos" que por la alegría injustificada y el descontrol de las autoridades se produjeron en aquel momento de la economía española. 
Tal como refleja la foto, sencillamente yo diría que se durmieron en los laureles. Mientras el "agua" corría en cantidad, nadie prestaba atención a las muchas grietas de la acequia de riego pero después, cuando pasaba poca, todo fueron problemas y miserias. Claro que eso siempre es para los mismos. 
Pues no, señor Zapatero, no. Regar se riega cuando pasa agua y corregir el caudal y arreglar las fugas de las acequias también. Después, cuando no pasaba ni una gota de agua, quiso usted corregir las fugas... ¡Que no escape una gota...! Voy a decirle lo que un día ya le dije a una persona que, queriéndome bien, siempre me decía que gota a gota se crea una balsa. Yo le respondí: Perdone, pero gota a gota apenas si puede hacerse un miserable charco. Para llenar la balsa... ¡Hay que hacerlo chorro a chorro!.
Pero en fin aquello ya es agua pasada, nunca mejor dicho. Ahora es otro el toro a lidiar y las consecuencias de la falta de previsión no serán menores. A nuestro gobierno actual, de corte social-comunista, le costó mucho arrancar pero, como he dicho antes, el toro siempre coge a los mismos... A los que no tienen barrera en la que guarecerse.

De todas maneras al señor Sánchez yo no lo veo demasiado preocupado y menos aún a su socio Pablo Iglesias. Es verdad que su semblante a cambiado y se le ve mucho más afectado, pero debe ser algo teatral porque no puede evitar su burlona sonrisa cuando, en el Congreso, sus opositores le afean su conducta y las pautas tomadas para enfrentarse a la Pandemia. Su táctica siempre es la misma, resistir e ir de farol. Disimular con chorradas y con parches la falta de solución válida a la crisis es algo que ya hizo Zapatero, su antecesor. El gobierno actual se cierra en banda y hará cualquier cosa antes de reconocer sus errores y su falta de capacidad para corregirlos. Pero ahora no es momento de faroles. Entendemos que nadie podía preveer semejante catástrofe mundial y que ni ellos ni nadie estaban preparados para afrontarla pero, cuando uno no sabe, debe reconocerlo y preguntar a quien sabe más. Esta vez más que económica, que también, es una cuestión sanitaria y son los especialistas de la medicina quienes deben exponer las fórmulas a seguir.

Con sus continuas correcciones no van a conseguir otra cosa que fastidiar al personal, justamente a los que más necesitan un gobierno fuerte para volver a despegar cuando esto acabe. Hace cuatro días mal contados no pudo mantener su promesa de subir las pensiones el 1,6% como anunció el pasado año y ahora pretende regalar el dinero a manos llenas a gente que, estando la cosecha de fruta sobre los árboles, no quieren ir a recogerla. Hay que ver cómo funcionan las políticas sociales... ¡Ya vendrán otros detrás que paguen todo lo que ellos repartan sin fundamento!. Cuando hay dinero, aunque sea prestado, los gobiernos socialistas gastan sin ton ni son, como si no hubiera un mañana, pero tarde o temprano ese "mañana" siempre llega. ¿Cuanto tiempo hará falta para corregir el enorme déficit que resultará de todo esto y a cuanta gente tendrá fastidiar, su Gobierno y los que vendrán después?. A este paso mucho nos tememos que la crisis del 2008 puede llegar al 2030 y más allá. Muy superior, en todos los aspectos al famoso "Crac del 29". Pero yo no echaría todas las culpas sobre las espaldas de Pedro Sánchez. 

7 vacas flacas y 7 gordas. El sueño del faraón.
Su problema mayor fue necesitar, para ser presidente, los votos de comunistas e independentistas. Ahora, lógicamente, le exigen su parte del pastel. Lo normal en una persona sensata y cabal hubiera sido renunciar y convocar nuevamente elecciones. A ver quien se cansa antes, si él de convocar o la gente de diversificar sin ton ni son. Gobernar no es fácil y si no tienes los votos suficientes, menos todavía. Ahora es muy fácil criticar. Más que aportar soluciones. ¿Dónde están aquellos que, ya con la pandemia en el país, organizaban innecesarias manifestaciones feministas?. ¿No lo saben...? Pues yo se lo voy a decir...
Estaban donde estábamos todos... ¡Mirando como pasaba el agua y disfrutando de ello!.
¿No es acaso un espectáculo maravilloso ver correr el agua?. ¡Y si el agua lleva dinero y poder, más todavía!. Pero aquello de las siete vacas gordas y las siete vacas flacas... ¡Es muy viejo!. Más viejo que Noé... ¡Y no digo más!.

RAFAEL FABREGAT


No hay comentarios:

Publicar un comentario