
Ya son casi dos meses los que el mundo entero está encerrado en sus casas por miedo a un contagio que ya se ha llevado por delante más de 120.000 vidas (más de 20.000 españolas). Veremos cual será la cifra final y cuantos los meses que durará este encierro, al menos para los mayores que son los de mayor riesgo de contagio y de muerte por esta causa.
Nada más lejos de mi ánimo que asustar a la juventud; tampoco a los mayores inmersos en un clima de incertidumbre puesto que, con este panorama, nadie sabe cuales serán las decisiones del gobierno en materia de pensiones. Personalmente, lo que no podía soportar era la sonrisa entre burlona y picaresca que esgrimía el presidente Zapatero, que mandaba en aquel momento de la crisis económica, cuando se le preguntaba sobre el tema, la misma que esgrimía el actual, a principios de la Pandemia, cuando aseguraba que esto no era otra cosa más que una gripe más.

Ningún país, por muy empobrecido que esté, debe dejar tirado en la calle a quien necesita ayuda sanitaria. Eso no puede ocurrir en ningún país civilizado, pero ocurría en España y no hace tanto. El año 1.975, con mi mujer a punto de dar a luz, fuimos rechazados del Hospital General de la Seguridad Social porque solo llevábamos cotizados diez meses y no los doce que se exigían como cotización mínima para tener derecho a hospitalización y por lo tanto para atender un parto u operación de cualquier tipo. Ante esta situación nos aceptaron (por caridad), previa solicitud de las autoridades locales de Cabanes, en el Hospital Provincial de Castellón y previo compromiso de pago de los gastos extraordinarios que se produjeran. Si señores, sí. Pobres de solemnidad, con una mano delante y una detrás, tuvimos que ir al Hospital Provincial de Castellón y pagar una parte de la cesárea practicada y los días de habitación correspondientes, puesto que a nada teníamos derecho.
La imposibilidad de parto natural obligó a realizar una cesárea y, por normativas del centro, a pasar los (8) días de post-operatorio en habitación privada y no en la sala general que entonces era habitual en los partos naturales. Los gastos (cirujano + anestesista + estancia + extras) se vieron reflejados en una factura de casi 25.000 pesetas que éramos incapaces de pagar. Bien es verdad que nuestros padres nos prestaron el dinero necesario para atender el pago pero... Afortunadamente, al final no fue necesario. Comprobada nuestra situación económica, el capellán del centro sanitario Don Manuel Carceller (q.e.p.d.), natural de Cuevas de Vinromá y Sor María, superiora de la agrupación de monjas que atendían el citado Hospital, realizaron las gestiones necesarias para que pudieran ser aplicados todos los descuentos máximos posibles y el pago quedó reducido al 15% de la Factura que, aún así, superó las 3.500 pesetas que eran entonces el jornal de tres semanas de trabajo.

Tal como refleja la foto, sencillamente yo diría que se durmieron en los laureles. Mientras el "agua" corría en cantidad, nadie prestaba atención a las muchas grietas de la acequia de riego pero después, cuando pasaba poca, todo fueron problemas y miserias. Claro que eso siempre es para los mismos.
Pues no, señor Zapatero, no. Regar se riega cuando pasa agua y corregir el caudal y arreglar las fugas de las acequias también. Después, cuando no pasaba ni una gota de agua, quiso usted corregir las fugas... ¡Que no escape una gota...! Voy a decirle lo que un día ya le dije a una persona que, queriéndome bien, siempre me decía que gota a gota se crea una balsa. Yo le respondí: Perdone, pero gota a gota apenas si puede hacerse un miserable charco. Para llenar la balsa... ¡Hay que hacerlo chorro a chorro!.
Pero en fin aquello ya es agua pasada, nunca mejor dicho. Ahora es otro el toro a lidiar y las consecuencias de la falta de previsión no serán menores. A nuestro gobierno actual, de corte social-comunista, le costó mucho arrancar pero, como he dicho antes, el toro siempre coge a los mismos... A los que no tienen barrera en la que guarecerse.
De todas maneras al señor Sánchez yo no lo veo demasiado preocupado y menos aún a su socio Pablo Iglesias. Es verdad que su semblante a cambiado y se le ve mucho más afectado, pero debe ser algo teatral porque no puede evitar su burlona sonrisa cuando, en el Congreso, sus opositores le afean su conducta y las pautas tomadas para enfrentarse a la Pandemia. Su táctica siempre es la misma, resistir e ir de farol. Disimular con chorradas y con parches la falta de solución válida a la crisis es algo que ya hizo Zapatero, su antecesor. El gobierno actual se cierra en banda y hará cualquier cosa antes de reconocer sus errores y su falta de capacidad para corregirlos. Pero ahora no es momento de faroles. Entendemos que nadie podía preveer semejante catástrofe mundial y que ni ellos ni nadie estaban preparados para afrontarla pero, cuando uno no sabe, debe reconocerlo y preguntar a quien sabe más. Esta vez más que económica, que también, es una cuestión sanitaria y son los especialistas de la medicina quienes deben exponer las fórmulas a seguir.
Con sus continuas correcciones no van a conseguir otra cosa que fastidiar al personal, justamente a los que más necesitan un gobierno fuerte para volver a despegar cuando esto acabe. Hace cuatro días mal contados no pudo mantener su promesa de subir las pensiones el 1,6% como anunció el pasado año y ahora pretende regalar el dinero a manos llenas a gente que, estando la cosecha de fruta sobre los árboles, no quieren ir a recogerla. Hay que ver cómo funcionan las políticas sociales... ¡Ya vendrán otros detrás que paguen todo lo que ellos repartan sin fundamento!. Cuando hay dinero, aunque sea prestado, los gobiernos socialistas gastan sin ton ni son, como si no hubiera un mañana, pero tarde o temprano ese "mañana" siempre llega. ¿Cuanto tiempo hará falta para corregir el enorme déficit que resultará de todo esto y a cuanta gente tendrá fastidiar, su Gobierno y los que vendrán después?. A este paso mucho nos tememos que la crisis del 2008 puede llegar al 2030 y más allá. Muy superior, en todos los aspectos al famoso "Crac del 29". Pero yo no echaría todas las culpas sobre las espaldas de Pedro Sánchez.
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7 vacas flacas y 7 gordas. El sueño del faraón. |
Estaban donde estábamos todos... ¡Mirando como pasaba el agua y disfrutando de ello!.
¿No es acaso un espectáculo maravilloso ver correr el agua?. ¡Y si el agua lleva dinero y poder, más todavía!. Pero aquello de las siete vacas gordas y las siete vacas flacas... ¡Es muy viejo!. Más viejo que Noé... ¡Y no digo más!.
RAFAEL FABREGAT
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