24 de octubre de 2013

1166- FANTASMAS DE VALBANERA.

Trasatlántico Valbanera. 1906.
Es la corta historia de uno de los mejores buques españoles de pasajeros de comienzos del siglo XX. Los misterios de su naufragio tendrá que juzgarlos el lector. Yo solo puedo contar lo que me contaron y tiene que ser cada cual el que saque sus propias conclusiones.
El Valbanera fue un gran vapor transatlántico, botado en 1.906, que al parecer no nació con buen pie. Con 121,9 metros de eslora, 14,6 de manga y 6,5 de calado, registraba 5.099 toneladas brutas y desplazaba 12.500. Era uno de los mejores barcos de la época y tenía capacidad para 1.200 pasajeros que viajaban en cuatro clases diferentes: Primera, Segunda, Tercera y Emigrantes. Adscrito a la línea de América Central fue detenido en 1.915, con motivo de la I Guerra Mundial, por un buque de guerra británico que le obligó a recalar en Gibraltar para comprobar si transportaba armas. Al comprobar que no era así se le permitió reanudar viaje. 


Oficiales del Valbanera.
No acabarían ahí sus problemas pues en 1.918 fue requisado por el gobierno español para llevar trigo desde Argentina a España. Otra contrariedad fue que a principios de 1.919 se le murieron 30 pasajeros a bordo. Parece ser que el Valbanera cargó en Cuba a 1.600 pasajeros cuando el barco solo tenía capacidad para 1.200. Más de 400 personas viajaban en cubierta con un calor insoportable, condiciones atmosféricas nefastas y una alimentación deficiente. A su llegada a Canarias se pidió el procesamiento del capitán y del médico de a bordo. El asunto se complicó de tal manera que la naviera estuvo a punto de ir a la quiebra. Por fin el 10 de Agosto del mismo año 1.919 partió de Barcelona, sin saber que aquel sería su último viaje. 


El Valbanera se hizo a la mar con el capitán Ramón Martín pues el anterior ha sido destituido. El capìtán Martín no estaba tranquilo puesto que la mayor parte de los oficiales asignados eran novatos. El barco iba completo de pasaje y con las bodegas abarrotadas de mercancías. Tras pasar Valencia y Málaga, el Valbanera se dirige al puerto de Santa Cruz de Tenerife. Aprovechando la escala el 21 de Agosto embarca, entre otros muchos pasajeros, la joven Paula Zumalave y sus cuatro hijos. Les espera en La Habana su marido Rafael Pérez. De repente Ana, su hija de cinco años de edad, se niega a embarcar gritando que el barco se va a hundir. Casi a rastras y con la ayuda de un camarero la niña es embarcada y una hora después el Valbanera larga cabos y leva anclas, pero el grillete que está en estribor se abre y el ancla se queda hundida en el mar. Es un mal presagio y los marineros lo saben. El barco gira en dirección al mar Caribe dejando atrás el último puerto español. Viajan 1.142 pasajeros y 88 tripulantes.


El 1 de Septiembre llega a San Juan de Puerto Rico, donde desembarcan y embarcan pasajeros y mercaderías para reanudar de inmediato la marcha en dirección a Santiago de Cuba donde llegan cuatro días después. El día 5 desembarca en Santiago la familia Zumalave y la pequeña Ana respira aliviada puesto que no ha parado de repetir en todo el viaje su presagio de que el barco se hundiría. El viaje de esta familia no ha finalizado pero, ya en la isla, la madre opta por atender los ruegos de la niña y acabar su viaje hasta La Habana por tierra. El día es claro y soleado pero, sin embargo, el capitán Martín es avisado de la posible formación de una tormenta tropical en el Golfo de México. Aunque el viento está en calma, el mar tiene un color plomizo y se aprecia una leve marejadilla. El capitán observa el barómetro y calcula que todavía faltan tres o cuatro días para que la tempestad llegue a la isla, por lo que decide partir.


El Valbanera rodea la isla de Cuba a toda máquina en dirección a La Habana. Al atardecer un cielo rojizo y un mar en completa calma saludan a los inquietantes cirros que despiertan en el horizonte. Atendiendo las órdenes del capitán el barco viaja a toda velocidad y ya pasa por delante de Punta Maisí, en dirección a la capital cubana. Más adelante es avistado por un vapor inglés, viajando a toda máquina frente a Caibarien. Nadie más volvió a ver al Valbanera... Al anochecer del 9 de Septiembre los pasajeros del vapor Montevideo, atracado en el puerto de La Habana a resguardo de la tempestad, oyen entre los aullidos del viento el bramido de una sirena pidiendo práctico. Algunos pasajeros incluso vieron las luces de un vapor frente al Castillo del Morro haciendo señales con una lámpara morse. Los vigías descifraron el mensaje: "Necesito práctico". La respuesta no podía ser otra: "El estado del mar no permite la salida". 


Desde el barco responden: "Intentaremos capear el temporal mar adentro" y lentamente el vapor giró rumbo norte entre enormes olas... Pronto las luces se hicieron invisibles entre la lluvia. El huracán siguió asolando Cuba durante tres días y del Valbanera nada se supo. Se le telegrafía desde La Habana y desde la Estación Naval de Key West, pero no hay respuesta. No hubo identificación, pero es de suponer que se trataba del Valbanera. Tres días después, a las 13,15h. del día 12 de Septiembre, se recibe un mensaje en la Estación de Key West. Se trata de un vapor que se identifica con las siglas JTHC. El operador se da cuenta que se trata del Valbanera y se alegra de que después de tres días de fuerte temporal todo esté en orden. Avisa a sus superiores y responden inmediatamente a la llamada. Sin embargo tras varios intentos no consiguen comunicarse con el vapor español.


Palo visible del Valbanera, cuando se descubrió.
Ante la nueva desaparición del Valbanera, la Marina de Guerra Nacional cubana se movilizó en su búsqueda. Cuatro cañoneros cubanos rastrearon toda la zona norte y cayos de la zona. También un guardacostas y otras unidades de Key West se unieron en aquella búsqueda infructuosa. El 19 de Septiembre, diez días después de la desaparición del vapor español, el cazasubmarinos SC203 de la US Navy está realizando su última pasada de rastreo por el Bajo de la Media Luna. En el puente el alférez L. B. Roberts otea el horizonte y de repente algo llama su atención. Al final de Half Moon Shoal, al límite de las arenas movedizas, un palo sobresale del agua. El Alférez da las órdenes oportunas y el buque se dirige a toda máquina hacia el lugar. A medida que se acercan una gran sombra se distingue bajo las aguas de la zona. Se trata de los restos sumergidos de un gran vapor.


Estado actual del Valbanera, prácticamente hundido en la arena.
El buque de guerra se detiene a 200 metros del objetivo. El alférez se pone el traje de buzo y ordena que le acerquen con un pequeño bote a lo que parece ser la proa del barco hundido y se deja caer cogiéndose inmediatamente a la barandilla de la cubierta de proa. Apenas hay dos metros de profundidad. El alférez Roberts se desliza por la barandilla del castillo de proa y ve de inmediato el brillo inconfundible de unas letras de bronce: VALBANERA. Extrañado comprueba que no hay ningún resto ni tampoco cadáver alguno flotando, como es normal en cualquier naufragio. Todavía hoy se conserva el asiento que el alférez L. B. Roberts hace en el Diario de Navegación. "19 de Septiembre de 1.919. Nos topamos con un naufragio. Buceamos hacia lo que parece la proa y el buque resulta ser el desaparecido vapor español de pasajeros Valbanera". 

Todas las personas que viajaban en el Valbanera desparecieron. No hubo testigos ni supervivientes, ni se encontró un solo cuerpo. La zona era peligrosa, el tiempo no acompañó y los medios técnicos de entonces eran muy limitados pero, por razones que nadie puede comprender, se puede afirmar que las investigaciones al respecto fueron muy superficiales. El gobierno español no realizó ninguna investigación oficial. Se hundió, sí pero ¿qué pasó con sus ocupantes?. Las arenas movedizas del Bajo de la Media Luna fueron sepultando poco a poco al Valbanera y sus palos sobresalieron mucho tiempo marcando el límite de las arenas. Casi cinco años después, en Abril de 1.924, el rotativo Key West Citizen publicaba que el palo mayor de mesana del vapor Valbanera había desaparecido bajo las aguas. Así finalizaba la historia y se iniciaba el olvido de un gran barco y de los centenares de pasajeros que con él navegaban.

RAFAEL FABREGAT

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