13 de abril de 2012

0654- EL TRIBUTO DEL HALCÓN MALTÉS.

El halcón Maltés no solo es una excelente novela negra y policiaca, sin duda la más famosa del escritor Dashiell Hammet, sino también el título de las tres películas que la han inmortalizado en el celuloide. La primera de ellas en 1.931, la segunda en 1.936 y la tercera y más famosa fue la realizada por el director John Huston, estrenada en 1.941 y protagonizada por los famosos actores Humphrey Bogart, Mary Astor y Peter Lorre. Sin embargo hay una curiosidad histórica con este título, que nada tiene que ver con la literatura ni con el cine y que motiva esta entrada.
El Halcón Maltés es también un Tributo. Atípico pero así son, a veces, las cosas de la Historia. El Tributo del Halcón Maltés fue el impuesto simbólico que el emperador español, Carlos I de España y V de Alemania, consignó a los Caballeros de la Orden de Malta a cambio de la cesión de soberanía de dicha isla mediterránea. Pero vayamos a la Historia...

Nacida en el marco de las Cruzadas, la Orden de Malta es una orden religiosa católica nacida en Jerusalén en el siglo XI. Más conocida por su actividad militar que por la hospitalaria, luchó contra los ejércitos musulmanes y contra los turcos. Sus orígenes se remontan al año 1.084, cuando mercaderes de Amalfi decidieron fundar un hospital para peregrinos en esta ciudad israelita. El proyecto inicial de construcción, aprobado por el gobierno del Califa Husyafer, se desarrolló junto a la iglesia del Santo Sepulcro y fue consagrado a San Juan Bautista. Posteriormente, su primera sede militar fue el Crac de los Caballeros, fortaleza construida por el emir de Alepo y que fue conquistada por Raimundo IV de Tolosa en el año 1.099 durante la Primera Cruzada. El emir fue apresado y la fortaleza abandonada durante años, hasta que en 1.142 el conde de Trípoli cedió el castillo a la Orden de Malta.

El 23 de Marzo del año 1.530, ocho años después de su salida de Rodas, el emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, con el beneplácito del Papa Clemente VII, cedió a la citada Orden las islas de Malta, Gozo y Comino, así como la ciudad de Trípoli que había sido conquistada diez años antes (1.510) por españoles castellanos al mando de Pedro Navarro, conde de Oliveto. La generosidad del monarca español no era tanta puesto que con esta donación perseguía, sin riesgo para sus ejércitos, la protección del mediterráneo occidental de los ataques otomanos; al tiempo que la Orden comprometía también su neutralidad en el caso de enfrentamiento entre naciones cristianas. Una jugada que sin duda le avalaba como excelente estratega. Lástima que, en aquellos tiempos, todo fuera tan frágil.
Pero vayamos al asunto...
A pesar de todos los beneficios que indirectamente le aportaba su donación, Carlos I pidió también un pago simbólico por la cesión que realizaba:

En calidad de rey de las Dos Sicilias, Don Carlos impone que la Orden reconozca poseer las tierras cedidas, como vasallos del César y de sus sucesores, así como un tributo perpétuo: un halcón maltés.
Conformes las partes el emperador firma la cesión en Castello Franco, a cambio de recibir todos los años, por la fiesta de Todos los Santos, un halcón maltés adiestrado para la caza. Durante todo el siglo XVI, el halcón fue entregado al virrey de Sicilia y en los siglos posteriores fue llevado a la Corte del rey de España. Desde aquel primer año de 1.530 los Caballeros de la Orden de Malta cumplieron siempre con su obligación hasta el año 1.798, cuando las tropas de Napoleón les expulsaron de ese enclave.
Tras decenas de cambios de nombre y emplazamiento, la orden tiene actualmente la denominación de Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Rodas y Malta y su sede en la Vía dei Condotti, en Roma (Italia).
Desde el año 2.005 el Real Gremio de Halconeros de España recuperó esta tradición haciendo entrega a su majestad Don Juan Carlos I de un ejemplar de esta ave de presa tan apreciada en el mundo de la cetrería.

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