6 de abril de 2011

0323- YACIMIENTO TOSSAL DEL MORTORUM.

¡A ver esos deportistas, que la cosa está bien fácil!. Actualmente no hay excusas para que cualquier vecino de Cabanes, joven o viejo, no visite el poblado ibérico de "Mortorum". Con respeto, eso sí.
La gente que allí trabajó últimamente para despejar la zona abrió un camino para coches 4x4 que te acerca hasta 400 metros del poblado. No hay pues razón alguna para que ningún cabanense deje de ver donde vivieron nuestros ancestros. Hombre, no hay nada que guste a todos pero, desde mi punto de vista y aún en el caso de que el tema no me resultara atrayente, si que lo sería la curiosidad de situarme en dicho lugar e imaginarme lo que pudo ser la vida de sus habitantes en ese punto y época tan remota. Se dice que los Íberos llegaron a nuestra península en el Neolítico, entre el quinto y el tercer milenio antes de Cristo. Los estudiosos, con dos mil años de margen, diría yo que no han arriesgado demasiado... De todas formas historiadores posteriores de prestigio indican la vigencia del poblado de Mortorum durante todo el periodo ibérico, con claros indicios del s.VI a.C. y como periodo de mayor pujanza del poblado en época fenicia (s.II a.C.) así como el abandono del mismo en el siglo I a.C.

Mortorum, nombre latino de procedencia romana y que se ha conservado hasta nuestros días, se ha catalogado como de la EDAD DEL BRONCE Y HIERRO ANTIGUO. Se trataba al parecer de pastores-agricultores que, a modo de defensa, se asentaban en lugares de gran visibilidad con la que detectar rápidamente la llegada de posibles enemigos. Los útiles domésticos que usaban se fabricaban en sílex y en piedra pulida, así como alguna cerámica rudimentaria, a veces decorada con dibujos geométricos. El metal es escaso, con presencia de algún hacha y las casas de barro y madera. Normalmente se trataba de poblados pequeños y numerosos, ubicados a una distancia de 4/6 Km. y normalmente visibles entre sí. Aunque nuestra zona está catalogada como de asentamientos en llano (Motillas) el que tenemos en Cabanes es un "Faice de Morras", o sea, poblado en alto sobre cerro. En ambos casos suelen ser circulares y con alguna fortificación, así como una torre o atalaya central que en los asentamientos no excavados suele revelar claramente su presencia.

Don Joaquín Peris Fuentes (1854-1939) abogado, juez y alcalde de Burriana, apodado "el Bou Roig", era propietario de la finca y masía de "La Cenieta", ubicada a medio camino entre la Venta de San Antonio y el Empalme, en la Ribera de Cabanes. Siendo alcalde de Burriana prohibió el Bou per la vila y las presiones del pueblo le obligaron a revocar la orden. Para excusarse con los vecinos, compró un toro castaño en Sevilla para las Fiestas de la Misericordia. El toro era tan bravo que causó varios heridos y tres muertos, a partir de lo cual los vecinos llamaron a su alcalde "el bou roig". Gran aficionado a la arqueología se preguntaba el por qué los vecinos de Cabanes llamaban a este monte Mortorum, o monte de los muertos y en 1.912 decidió explorar su cima, observando un enorme montón de piedras entre las que afloraba algún resto de cerámica muy rudimentaria. Supuso sería algún antiguo sepulcro y la idea de excavarlo ya no le abandonó. En el verano de 1.914 don Joaquín pidió permiso al propietario del monte y encargó a su masovero que buscase algunos jornaleros de confianza para empezar la excavación de la supuesta tumba. Desgraciadamente don Joaquín Peris no pasará a la historia por su exquisito trabajo en Mortorum, si no más bien por todo lo contrario. Era lo que coloquialmente se denomina un depredador. No levantó plano ni orden de los objetos encontrados.

Bastante dolido por abusos de confianza de la gente contratada, solo se sabe lo que él mismo contó algunos años después:
..."El túmulo tiene forma de cono, veinte metros de diámetro por siete de alto. Descoronado el cono y excavados casi tres metros de profundidad, encontramos en el centro de la base, una oquedad o habitación a la que solo se accedía por un agujero circular de 18 cm. de diámetro, comprobando con un palo de dos metros que no se tocaba al suelo. Paramos la excavación por la cúspide y nos abrimos paso perforando en la base del túmulo. A los dos metros nos sorprendió una urna cineraria aplastada y tras ésta, otras muchas en gran cantidad, todas aplastadas por el mucho peso que encima tenían. Llegamos a la oquedad que estaba llena de ceniza y huesos chamuscados, pudiendo tratarse de una fosa común. Junto a las urnas, una llena de trigo carbonizado, un palillo de forma cuadrada, otro con aspecto de anzuelo, lo que parece la base de una cacerola y una alabarda, todo ello de cobre..."

En su casa de Burriana guardaba don Joaquín todos los hallazgos encontrados en las muchas prospecciones llevadas a cabo a lo largo y ancho de nuestra provincia y algunas otras. Este museo privado era bastante restrictivo pues don Joaquín no tenía clara la legalidad de sus incursiones. Donados estos fondos al Ayuntamiento de su ciudad, dieron para realizar un museo arqueológico que fue inaugurado en 1.967 aunque en 1.991 pasó al Centre Municipal de Cultura.
Volviendo al tema de Mortorum cabe decir que en su momento don Joaquín facilitó el examen de los restos encontrados que fueron analizados y estudiados en profundidad. El dictamen fue que los vasos encontrados no eran cinerarios puesto que no contenían restos de cenizas, si no de tierra negra. Un examen diez años posterior del lugar, señaló la apertura de todo el montículo y lanzamiento a una gran escombrera de la tierra, piedras y restos de interés menor para aquellas gentes sin preparación. Algunas piezas de buen tamaño, también fueron lanzadas a la vertiente meridional. La zanja realizada partía en dos el montículo y a un lado de ésta tres paredes seccionadas por los excavadores demuestran que difícilmente se trataba de un túmulo, si no más bien de los restos de un baluarte defensivo, relacionado seguramente con algún poblado próximo, a buscar en la vertiente de Levante por ser la ubicación más probable.

Investigada la zona allí aparecieron los restos del poblado, apenas indicios perdidos entre las rocas y sin hallazgo alguno. Solo en el límite oriental aparecieron restos perfectamente alineados y parte de la muralla que cerraba el recinto fortificado. Fuera se encontró una especie de martillo, sacado a partir de los restos de un hacha maciza de "esquisto" gris, que parecía demostrar que el pretendido túmulo de Joaquín Peris no era otra cosa que un baluarte defensivo del poblado en su cara noroeste y último refugio en caso de ataque. 
Sin embargo ya en pleno siglo XXI arqueólogos de la Diputación de Castellón han puesto en evidencia que el burrianense Joaquín Peris no iba desencaminado cuando aseguraba la presencia de un túmulo funerario solo que éste no se encontraba junto al poblado, sino a unos 300 metros de éste. Confirmada pues la presencia de una cámara sepulcral delimitada por losas verticales y sustentada por una base cuadrangular de grandes bloques de piedra. 
Efectivamente se trata de un sepulcro de la Edad de Bronce, de una antigüedad aproximada de 3500-4000 años y que sirvió para acoger los restos de algunos habitantes del poblado prehistórico de Mortorum.  
Aunque la cámara fue expoliada desde muy antiguo y también excavada al parecer por los jornaleros contratados por el señor Péris, se han recuperado restos humanos de al menos cinco individuos. 

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