
Quizás deberíamos preguntar a la mujer el por qué de esa falta de pasión, culpable sin duda de esa lentitud en sus respuestas amatorias, pero tampoco ella lo sabe. A estas alturas no creo que nadie ponga en duda el deseo masculino de que su pareja experimente el placer del orgasmo al 100% y al unísono. Es más, la mayoría lo intentan día sí y otro también, hasta el punto de estar más pendientes del orgasmo de su pareja que del suyo propio. Pocas mujeres, creo yo, podrán decir que el hombre es egoísta y solo piensa en sí mismo a la hora de hacer el amor... ¡Pero las cosas, hombres y mujeres, son como son!. La mayoría de los hombres, en su pretensión de "hacer llegar" a su pareja, al mismo tiempo a la ansiada meta, lo único que consiguen es desviar su atención sobre el goce propio, haciendo que el suyo se dificulte y mengüe considerablemente.
La obsesiva vigilancia sobre la respuesta sexual de nuestro amante, no consigue otro objetivo más que el descuido de la nuestra. Así pues la simultaneidad es tan difícil como innecesaria. Naturalmente el orgasmo simultáneo es posible, bonito y muy de agradecer, pero escaso y difícilmente alcanzable. Si el orgasmo pudiera medirse, nos daríamos cuenta de que la simultaneidad es imposible de alcanzar con el mismo grado de intensidad. Son dos personas y cada una de ellas va a su ritmo, por lo que no hay sincronización posible. Puede haber cierta coincidencia pero, se haga lo que se haga, cuando uno está a mil el otro puede estar a trescientos o a mil quinientos. ¿Podemos llamar a esto sincronización?. No creo. Cada persona es un mundo y aparte.
Al hombre le resulta más fácil centrarse en la relación sexual. Por propia naturaleza el sexo masculino es menos exigente y mejor dispuesto que el de la mujer. No es un problema de amor, sino que las féminas para disfrutar del sexo precisan un tiempo y un entorno que les resulte casi idílico. Si el solo hecho de alcanzar el orgasmo ya tiene su dificultad, ¿cómo va a ser posible sincronizar el reloj con el de su compañero?.
Resultado de todo ello es que muchas veces se miente, simulando orgasmos no alcanzados. Al varón le resulta altamente satisfactorio saber que ha complacido a su pareja cuando la realidad es que, como se ha dicho antes, unas veces se ha quedado a la mitad, otras a la tercera parte y alguna de ellas sin enterarse de lo que ha pasado.
RAFAEL FABREGAT
























