Las tabernas eran los bares de una época de estrecheces. Locales oscuros, cono pocas o ninguna ventana a la calle y de haberla siempre estrecha, siendo muy poca la luz que entraba en el local. La oferta débil, poco prometedora, pero suficiente para los tiempos que corrían por aquel entonces. Toneles de vino peleón y unas botellas de anís, brandy, absenta y cazalla. La mayoría ni siquiera tenían café y si lo había era el brebaje resultante de hervir los granos, enteros o machacados, dentro de un perol de barro y pasado después por un colador de tela mugrienta. En la parte izquierda de la foto adjunta vemos parte del rótulo de la Taberna del Fraret con algunos vecinos charlando frente a la puerta.

Porque en aquellos tiempos las taberneras eran serias y honradas, pero serviciales y zalameras para el cliente. No como ahora, que tienes que agradecer que quieran servirte y todo lo tienes que pedir ¡por favor!.
La Taberna del Fraret, también llamada "Bar dels Frares" de planta baja y en el número dos de la Plaça de la Font o del Generalísimo, ahora Hostals, era uno de esos lugares con el único encanto de contar con despachos de tabacos y picadura. En aquellos tiempos no fumaba ninguna mujer, pero sí todos los hombres, con lo cual la visita era poco menos que obligada. Los domingos y fiestas de guardar se sumaba a este local la parte alta del mismo y un importante anexo sobre la antigua cochera de los Autos Mediterráneo. A esa sala se accedía por una escalera y puerta de acceso que daba al rincón que formaba la Taberna y el mencionado garaje. En la foto adjunta se ve el pronunciado rincón que la Taberna del Fraret hacía con dicho garaje.


Claro que eso no era todo, ni mucho menos, preparaba además unos callos de cordero de excelente calidad por sus muchas "trenzas", que eran lo más gustoso de estos callos con picada de ajos y almendras con perejil.
Se trata de los pequeños intestinos que ya nadie quiere limpiar en nuestro tiempo, por el mucho trabajo y escaso rendimiento.
También la sepia a la plancha la preparaban en dicho local con un sabor excelente.
En aquellos tiempos la sepia era siempre "sucia" y recién traída del Grao de Castellón y justamente por eso muy sabrosa. Eso sin contar que también los comensales teníamos más hambre que ahora.
Sin embargo la taberna más antigua que hemos conocido la gente de mi edad era la de Benardo (duró muy poco tiempo con la apertura de su hijo y heredero) situada junto a la actual Cefetería (Marina), en la plaza de la Farola, ahora Constitución. Era la antigua taberna del bando republicano en tiempos de la II República. Tras el cierre de sus padres este señor se dedicó posteriormente al negocio de la pescadería, que prolongaba con el servicio a domicilio con una moto que tenía. No triunfó en lo uno ni en lo otro y para colmo de males murió relativamente joven.
Volviendo al tema de las tabernas, la más famosa de las antiguas era la Taberna de Modesto Boira, ó "Casa Modestet", actualmente vivienda de la hija de Jaime Borrás i Rosa Fina Gauchía.
Allí no solo se cocinaban los mejores callos, sino también los mejores caracoles y las habas secas con chorizo, picada de almendras, pan seco, perejil y hojas de laurel. Vamos, ¡el no va más, en cuanto a sabor! pero en definitiva era simplemente un plato de aprovechamiento.
En el resto de España las llaman michirones. Su preparación es muy sencilla y fácil de arreglar...
- Dos cazos de habas secas. (Dos días en remojo y hervir)
- Una cabeza de ajos.
- Una docena de almendras fritas.
- Un trozo de pan seco y frito.
- Un ramito de perejil y hierbabuena.
- Una o dos guindillas.
- Una cucharada de pimentón dulce.
- Aceite y
- Un chorizo oreado.
PREPARACIÓN: No es menester indicarla pues se trata simplemente de habas secas con chorizo y con una buena picada. Cualquier ama de casa puede prepararlo a poco cocinera que sea. Mmmmmm. ¡Ah y el alimento que tiene...!
RAFAEL FABREGAT
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