
En las décadas de 1.950 y 60, dos eran en Cabanes las lecherías que se dedicaban a la venta de tan preciado alimento en el zaguán de su vivienda y suministro personal y directo a las casas que se lo solicitaban. Sin embargo eran muchos más quienes se dedicaban al pastoreo y por lo tanto quienes vivían también de los corderos, de la leche y de algunos quesos: Antonio el de Paula, José el de Vaquero, Paco el Gitano, Ezequiel (cuñado del Ventorrillero), etc.
Había otro rebaño importante con corral en el número 51 de la calle Delegado Valera... y sin duda otros muchos que quedan en el tintero, porque la memoria suele fallar cuando se habla de temas que siempre fueron ajenos a quien escribe.

Esta última lechería no tenía rebaño alguno, si no 4 o 5 vacas lecheras que, encerradas en el corral ubicado en la parte trasera de su casa, eran alimentadas con raíces de alfalfa y otros elementos nutritivos que él mismo sembraba en sus escasas tierras. Aunque era mucho el alimento de su propia cosecha, uno de los más nutritivos y de nulo coste económico para el productor, eran las raíces de alfalfa.

A tal menester dedicaba "Elietes el de Castañes" buena parte de su tiempo ya que, con el fin de conseguir la mayor cantidad de alimento para sus vacas, se prestaba voluntario cada vez que le era conocido el arranque de cualquier campo de esta planta y sin el cobro de otra remuneración que la de hacerse cargo de las larguísimas raíces, que pueden llegar hasta los 8 metros de largo.

Recogidas y almacenadas en los corrales estas raíces, bastante gruesas en la parte alta de la planta, debían picarse con grandes bastones que las partían a lo largo y tal actividad solo podía realizarse previamente a su utilización. Ese trabajo ya no era a cargo del mencionado "Elietes" ya que éste contaba con dos hijos, de entre 10 y 15 años y eran éstos y los amiguitos de ambos, quienes las picaban a fin de conseguir el permiso posterior para salir a la calle a jugar.
Su padre colocaba un buen montón de raíces en el centro del patio, no menos de un metro de altura, e inevitablemente el juego empezaba cuando toda la pila quedaba convenientemente machacada.
Conocedores de la problemática, los amiguitos de sus hijos no siempre acudían en busca de éstos pero, cuando lo hacían, eran conocedores de que la única forma de jugar un rato con ellos era ayudarles a dar bastonazos al enorme montón, para poder acabar antes.
En ninguna de las lecherías siguió nadie el oficio tras el abandono de sus titulares y curiosamente fue la tercera en importancia (Paco el Gitano) quien continuó en el tiempo a través de los hijos Paco y Miguel. Naturalmente tampoco éstos se dedicaron en cuerpo y alma a esta actividad y ni siquiera ejercieron nunca el pastoreo, pero sí mantenían animales alimentados en corral y lo controlaron muchos años con la ayuda de sus padres.
Otros pastores con rebaño relativamente grande eran Ezequiel, cuñado de "Vicent el Ventorrillero", Antonio "el de Paula" y algunos otros de menor cuantía.
Algunos años después, cosa bastante extraña puesto que este oficio había quedado ya obsoleto, inició dicha actividad "Manolo el de Cobia", con buen número de cabezas y corral en "el Molinet", posteriormente ocupado por la urbanización del mismo nombre.
Para entonces, "Manolo" ya había abandonado el negocio del pastoreo ovino y se dedicaba a la hostelería, al coger en traspaso el Bar Branto de la localidad. Al parecer, el cambio tan brusco de actividad, sería motivado por un fallo en la salud y también por los muchos conocimientos adquiridos por su mujer (Carmen) en la cocina del famoso Bar Tony, donde trabajaba. Posteriormente cuando, por cuestiones que no vienen al caso tuvo que abandonar dicho local, adquirió un antiguo bar de copas a la salida de Cabanes y lo adaptó para su uso como Bar-restaurante. Con el nombre de "Bar Carmen", en honor a la mujer que fue sin duda la artífice de su éxito, sigue todavía vigente en el número 36 del carrer del Calvari, esquina al "camí Roig". Actualmente esta zona ha sido notablemente urbanizada y, aunque apenas voy por allí, me consta que tienen una buena y asidua clientela, hoy ya gestionada por sus hijos... Pero, como he dicho anteriormente, el tiempo pasa y unos y otros también cesaron en el negocio que ha sido alquilado a unos y otros... ¡El tiempo pasa y a todos nos aparta!.
RAFAEL FABREGAT

Otros pastores con rebaño relativamente grande eran Ezequiel, cuñado de "Vicent el Ventorrillero", Antonio "el de Paula" y algunos otros de menor cuantía.
Algunos años después, cosa bastante extraña puesto que este oficio había quedado ya obsoleto, inició dicha actividad "Manolo el de Cobia", con buen número de cabezas y corral en "el Molinet", posteriormente ocupado por la urbanización del mismo nombre.

RAFAEL FABREGAT
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