

Las expediciones al campo de batalla (Molinet del Vent) eran dirigidas por ellos y como lugartenientes Paquito el de Facundo y Vicente el de Pepita, también uno o dos años mayores.
El resto (la tropa) pintábamos poco y debíamos limitarnos a obedecer las órdenes recibidas.
Se luchaba con todas las armas a nuestro alcance: grandes cañas a modo de lanzas, espadas de madera de exquisita confección realizada por los carpinteros locales.
En juegos más modernistas cabían las pistolas y fusiles de madera con gomas de cámara de coche y anclaje de cortina para asegurar la piedra a lanzar y el gatillo de duro alambre de tender la ropa. El armamento siempre guardaba relación con el tipo de batalla, por lo que si era de indios el armamento eran flechas y lanzas, pero el bando de los americanos podía usar las armas "de fuego". También ondas de todo tamaño y potencia, o bien a pedradas directas cuando la guerra era de tiempos prehistóricos. De todas formas, cuando fallaba el "sofisticado" armamento todo valía. Un verdadero peligro...

Unos eran azotados con cordeles de esparto crudo (trenilla) y otros atados al tronco de los árboles y, aprovechando que era costumbre el ir entonces con pantalón corto, restregadas por sus piernas ortigas que allí crecían con profusión.
Tras el martirio, los prisioneros quedaban atados en los árboles mientras el "ejército" atacaba la cota más alta del cerro del Molinet del Vent, descendiendo después por la parte contraria en el paraje llamado "El Campet". Fueron varias las ocasiones en que, por este motivo, se olvidó a los prisioneros y después de estar ya todos los chavales en casa y llegada la hora de cenar, algunos padres tuvieron que ir ya de noche a "rescatarles", desatando a sus ya desesperados hijos de los árboles en cuestión.
Bestialidades que entonces constituían la distracción juvenil.
Si la película del domingo era "del Oeste" y por consiguiente con indios, la semana siguiente y algunas otras más las armas eran arcos realizados con potentes rebrotes de árboles cortados y alambre de paca (bala) de paja; las flechas delgadas cañas con un alambre enrollado en la punta para mayor precisión del disparo y golpe más duro en el enemigo; también lanzas de caña gruesa que en más de una ocasión dio en la cara de algún enemigo, con la milagrosa coincidencia de no sacarle nunca un ojo a nadie.
Otras veces, entonces de moda las películas "de romanos"
(BEN-HUR, QUOVADIS, etc.), la semana empezaba en los recreos escolares con toda la parafernalia romana y hasta con cuádrigas en las que los "Aurigas" o conductores siempre eran los mismos (Amador, Pepe, Paquito y Vicente) y los "caballos" (un largo cordel atado por las puntas y pasado por debajo de los brazos y por detrás de la cabeza) todos los demás.

Cuando los ánimos estaban más calmados, porque de todo se cansa uno, jugábamos a la trompa, el guá, a las chapas, al buli y dali o als cartonets, pero tampoco en esta clase de juegos podíamos escapar los débiles de los abusos de los mayores. La trompa más grande tenía que ser siempre la suya y el bastón para jugar al buli el más potente; en cuanto al juego dels cartonets (cara anterior y posterior de las cajitas de cerillas) cuando por una mala racha se les acababan a alguno de ellos, siempre sacaban la excusa de que determinado tipo de los que a ellos les quedaban,valían por cinco, o más.

RAFAEL FABREGAT
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