¿Por qué pasa esto?. ¿Donde están?. La respuesta es variopinta, puesto que los motivos son muchos y muy diferentes, pero podrían resumirse en pocas palabras: Machismo, violencia de género, feminicidio, trata, explotación, desigualdad estructural, crimen organizado, etc., etc. Las autoridades, a veces, ignoran las denuncias iniciales, asumiendo que la desaparecida se fue por voluntad propia, lo cual retrasa la búsqueda. También sabemos todos que, bandas organizadas raptan o engañan a mujeres y adolescentes, para explotarlas sexualmente en otros países o sometiéndolas a trabajos forzosos. Muchas mujeres son secuestradas en sus países de origen por mafias que las explotan en toda clase de trabajos, con la excusa de estar en deuda con ellos por el traslado.
En segundo lugar están las desapariciones dentro del contexto familiar. Amores prohibidos que, si se descubren, hay que "liquidar" ante las amenazas de destapar el asunto a la pareja legal. Porque a los hombres una aventura les va bién pero cuando ésta empieza a cansar, o cuando su aventura es descubierta por la pareja, solo las soluciones drásticas solucionan el problema. Más de mil mujeres desaparecen al año en España y los motivos son tan diversos que la policía no sabe a qué atenerse. Unas marchan por miedo a su pareja, otras por haber encontrado otra vida mejor, otras por tener otra pareja de la que se han enamorado, otras por haber sido asesinadas y, en la mayoría de los casos el hecho queda impune por la debilidad del sistema de delitos, con lo cual los responsables siguen su vida sin castigo alguno.
Porque una cosa es marcharse por voluntad propia y otra muy distinta es que te hagan desaparecer. Las estadísticas nos cuentan que los delitos de rapto son, en nuestro país, muy escasos (20%) mientras que el proxenitismo es muy superior (40%). En el 40% restante caben muchas causas distintas, entre ellas aquella que "se fué a comprar tabaco y nunca volvió". De todas maneras no todas las desapariciones se comunican en comisaría porque, cuando la persona es mayor de edad, se presume que su marcha ha sido voluntaria y su desaparición no constitute delito alguno. Nadie puede obligarla a volver. Cuando una persona está agobiada por el entorno familiar o por una situación conflictiva, puede optar por enfrentarse al asunto o abandonar dicho escenario y desaparecer.
El marido, cuando la mujer desaparece, puede presentar demanda por abandono del hogar por lo que, a efectos patrimoniales o de custodia de los hijos, puede declarar su ausencia del hogar y el nombramiento de representante de administración de bienes. Si la situación se mantiene durante dos años puede pedirse el divorcio y si transcurren diez años incluso una declaración de fallecimiento. Si la desaparecida tiene setenta años cumplidos esta petición puede hacerse a los cinco años. De todas formas los casos más habituales de desaparición son siempre los jóvenes, cansados de sus padres y que quieren vivir su vida. La sorpresa surge cuando una mujer normal desaparece sin que nadie haya advertido problema alguno. La primera reacción es la de querer hacer sufrir a la familia por estar descontenta con ellos.
Desaparecer del mapa, es algo que muchas personas hemos pensado alguna vez pero, antes de tomar esa decisión, piensa en comunicarlo a alguien ajeno a la familia y amistades. Esas personas no sirven porque siempre te darán la razón. Deja una nota explicando tu problemática... Juego, drogas, alcohol, etc. e intenta resolverlo. Marchar es el último recurso. Si la familia no sirve, busca al menos a un profesional. Explica lo que tienes y lo que quieres. Necesitas un cambio y está claro que en ese entorno no puedes lograrlo, pero dales tus razones y preséntalo como una solución para mejorar tu vida. De todas formas, ten en cuenta que no es oro todo lo que reluce y marchar no es la panacea. Algunas mujeres parecen ser la esposa perfecta y la madre abnegada, pero un día desaparecen, solas o acompañadas y nadie sabe el por qué. Solo si regresan cuentan los motivos, ¡pero no siempre!.
Rafael Fabregat Condill
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