Ahí los tenéis amigos. Se trata de los Laboratorios Bell, ubicados en Nueva Jersey (EEUU). En nómina 8 premios Nobel y el resultado 3 patentes diarias, colocándose en cabeza de la más alta tecnología del mundo. A este complejo del saber le debemos el transistor, el radar, las células solares, el lasser y hasta 25.000 inventos más que han hecho posible la actual tecnología que mueve nuestro planeta a velocidades de vértigo. Naturalmente no todo son inventos sensacionales y de utilidad general. No es fácil elegir entre tantos miles de cosas que en estos laboratorios se ha inventado, puesto que la repercusión es variopinta, pero es lógico pensar que muchas de ellas nos han cambiado la vida, para bién. Su fundador, Alexander Graham Bell, fue el inventor del teléfono y hasta hoy su instituto no ha parado.
Se estima que en el mundo hay algo más de 24.000 científicos, de 20 países diferentes, cuyo trabajo es investigar, intentando mejorar nuestro día a día, siempre con la vista puesta en el mañana y hasta en el pasado mañana. Unas veces en grupo y otras en solitario, pero siempre investigando y otras haciendo pruebas sobre lo encontrado el día anterior. Últimamente, como es natural, están más centrados en el mercado informático, pero sin olvidar los demás campos. Falta mucho por descubrir. Telefónicamente inventaron el teclado de nuestros teléfonos actuales y la inclusión de la imagen en las llamadas, pero también los satélites espaciales para la comunicación intercontinental. Antes de eso establecieron la primera comunicación entre América y Europa. Y todavía siguen inventando.
Para el saber no hay un final, puesto que cada día surge algo nuevo. Rodeados de monitores e instrumentos de todo tipo, los científicos no paran nunca. Allí no se producen cosas físicas, sino las ideas que más tarde se convertirán en la herramienta que los fabricantes pondrán en marcha. Ellos son la luz, para la bombilla que fabricarán otros. En día menos pensado las codiciadas tierras raras ya no serán necesarias y mucho menos imprescindibles para producir nuevos aparatos, ya que será posible introducir las nuevas técnicas en un simple trozo de plástico. España también forma parte de esos países que están trabajando en esas nuevas técnicas que serán parte del mañana. Laboratorios Bell fue el fundador y el principal autor de todo esto, pero ya no está solo ya que, desde 1996 es un Consorcio Tecnológico.
El conocimiento ya no es algo aislado y debe salir al mercado para que su producción nos llegue a todos. La frase "renovarse o morir" es una realidad que todos tienen clara. Todos a una se trabaja más y mejor. El microprocesador de plástico es ya una realidad a incluir en etiquetas y bolsas inteligentes, pero las cosas han cambiado. El inventor tiene que estar debidamente compensado por su dedicación. Hasta unos años atrás todos los inventos se "regalaban" en pro del desarrollo mundial, pero ya no. Laboratorios Bell se ha convertido en promotor de sus lanzamientos y los científicos, bien remunerados, investigan incluso campos del propio universo, con protección de la propiedad intelectual. Más pronto o más tarde, en este mundo impera, como es natural, la ley del dinero...
Rafael Fabregat Condill
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