3 de septiembre de 2026

3333/0227- MARISCO, EL REY DE LA MESA.


Dicen que las ostras son afrodisíacas, ¿será verdad?. Bien, un estudio nos dice que contienen ácido aspártico D que, efectivamente, libera hormonas sexuales pero cuando uno es joven y está sano, no le hacen falta las ostras, con una chica guapa y cuerpo celestial le es más que suficiente. Pero en fin, las ostras son un gran marisco, como también lo son otras muchas especies que poco o nada le tienen que envidiar. Cualquier marisco es una joya de la gastronomía y signo de celebración, en cualquier mesa, independientemente de su nivel económico. Lo que pasa es que las ostras no se pescan, o son de cultivo o se tiene que bucear para llegar hasta ellas y, claro, están más escasas que otros mariscos, motivo por el cual su precio es bastante más elevado.


Actualmente gambas y langostinos son, en gran parte, de cultivo. De hecho en el centro de nuestro país y a cientos de kilómetros del mar, en España se cultivan langostinos muy apreciados por los sibaritas. ¡Un verdadero cachondeo!. No por nada, sino por lo "fuera de lugar" que, en teoría, representa dicho cultivo de mariscos. Sin embargo todo está más que justificado ya que, de no ser por estos cultivos, un kilo de langostinos valdría "un ojo de la cara" y los dos si se trata de gamba roja. De todas maneras hemos de dar el nombre correcto de cada cosa ya que, mucha gente mezcla con el nombre de mariscos, hasta tres especies distintas. El marisco, o crustáceo, es un invertebrado con esqueleto externo mientras que los cefalópodos, dígase pulpo, sepia, calamares, etc., son otra cosa distinta pero también muy apreciada.

La sepia (enterita) a la plancha con salsa verde es algo que todos conocemos y apreciamos pero el pulpo braseado con salsa de patata a la Parmienter es algo exquisito y fuera de lo común. Un plato relativamente reciente, que se ha ganado el favor del público en general.
Pero como hemos dicho antes, esto no son mariscos sino cefalópodos, también muy exquisitos y que, bien hechos y mejor presentados gozan del favor de todo el mundo. Entran también en esta especie los calamares que, a la romana o encebollados son un fabuloso manjar, también como un acompañante más de las Paellas de marisco o "de señoret" donde saboreamos este tipo de manjares sin ensuciarnos las manos, de ahí la palabra "señoret" puesto que no se pone concha ni cáscara alguna. El resultado, siempre magnífico, puesto que va acompañado de gamba o langostinos siempre pelados y algún mejillón.


Hablando de mejillones, si no fuera porque estos abundan, ¿qué tienen que envidiar a las ostras o a los caracoles de mar?. Yo diría que, bien aliñados, no tienen nada que envidiar, lo que pasa es que éstos abundan en muchas de las costas rocosas y también son muy fáciles de cultivar, con lo cual no hay ninguna pescadería del mundo que no los tenga en el mostrador. Esto hace que este sea un marisco vulgar, cuando realmente es una exquisitez. 
Sin embargo los caracoles, o canaillas del Mediterráneo, que hay que sacar del mar con el sistema de arrastre, ya es algo que abunda menos y por lo tanto al que le gustan tiene que pagar más alto precio, aunque sean duros y de poco sabor.
El precio, por lo que se ve, es más alto cuanto más escaso sea el producto y no por su exquisitez. Así está las cosas. Personalmente los mejillones me parecen exquisitos y de ahí me paso directamente a los crustáceos, dígase gamba, langostino, carabineros, bogavante, cigala, langosta, etc. Dicho esto hay que añadir que no le hago ascos a ninguno de los nombrados en esta entrada del blog y a los que hayan quedado sin nombrar.


Importante señalar también que el sabor del marisco depende de su alimentación, motivo por el cual, no tiene nada que ver el sabor de gambas y langostinos marinos de aquellos que se crian en una granja o piscifactoría, alimentados desde su nacimiento con harina de pescado de descarte. Esa no en absoluto la comida con la que se alimenta ningún marisco que nace y vive en libertad. Si nosotros dependemos de nuestra alimentación, al marisco le sucede lo mismo. El marisco marino se alimenta de fitoplancton y crustáceos microscópicos, así como de larvas de moluscos y peces. Y otra cosa muy importante, que solo la gente próxima al mar puede obtener... ¡Si quieres comer mariscos cocidos, que sea con agua del mar, ya que si la pones dulce el sabor pasa al agua y ellos quedan sosos!.

Rafael Fabregat Condill

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