Ya sabemos que, para muchos, el polvo es lo mejor que existe, pero están equivocados. El polvo se mete en los pulmones y nos debilita. Eso si eres una persona saludable que, si no es así, te destroza la salud y la vida. Esos pequeños granos influyen en el clima del planeta y nos hacen la vida imposible. Y lo mismo para las plantas. Si tienes una plantación de cualquier tipo de hortalizas e incluso árboles, al lado de un camino de tierra, ten por seguro que harás pocos milagros. El polvo cubre las plantas y frena su crecimiento debido al bloqueo de la luz solar y reducción de la fotosíntesis; asfixia la planta; arrastra metales pesados, aceites, microplásticos y, para colmo de males, atrae ácatos como la araña roja. ¡Y luego dicen que no hay nada como un buen polvo!. Quita, quita. De eso nada de nada.
Personas altamente cualificadas y dedicadas a la investigación del polvo y la producción de equipos de filtrado para la industria, nos cuentan que es un verdadero dolor de cabeza la lucha que mantienen contra esa problemática. Téngase en cuenta que son muchas las industrias que en su quehacer diario provocan mucho polvo, que hay que eliminar sí o sí. De lo contrario los trabajadores no podrían resistirlo. Pero eso no es todo, ya que en el ambiente doméstico y aunque apenas lo veamos, el polvo está más presente de lo que nos figuramos y con gran contenido de cosas distintas: pelusillas de la ropa, escamas de nuestra piel, pelos que perdemos cada día de todas partes del cuerpo, restos de alimentos, arenilla de zapatos y muebles, a los que añadir todo tipo de ácaros perjudiciales para la salud.
Ya sabemos que la lucha para controlar todo eso es dura y diaria, pero es una batalla perdida puesto que esa colección de partículas están y seguirán estando en nuestro ambiente. No podemos estar encerrados en nuestra casa permanentemente, hay que salir a respirar, a comprar y especialmente a trabajar. Sin contar que cada persona pierde al año 2-4 Kg. de piel muerta. Si todo lo señalado está en nuestra casa y lo acrecentamos día tras día con nuestras salidas al exterior, quiere decirse que nuestra asepsia total es imposible. Incluso cuando abres una ventana para que entre el aire fresco, no todo lo que entra es aire, el polvo también está ahí. No es pegajoso pero se adhiere a cualquier cosa, también a la comida que hemos comprado. Lo queramos o no, nuestra casa es el hogar de millones de organismos vivos y sus cacas, además de partículas tóxicas de otras procedencias.
Afortunadamente esas partículas tóxicas y ese sin fin de microscópicos animalillos que están mezclados con el dichoso polvo, no son visibles para nosotros en el día a día. Mejor así ya que, si los viéramos, moriríamos en el acto, puesto que no osaríamos respirar y menos aún comer nuestro alimento diario. Tradicionalamente el polvo y su problemática está asociada a familias en unas condiciones higiénicas deficientes pero, inevitablemente y en mayor o menor cantidad, el polvo está ahí y lo está para todos. Incluso se ha dicho siempre que los lugares aparentemente poco salubres son justamente donde más salud existe, ya que la suciedad produce defensas especiales a quienes en ella viven. No sabemos si será verdad, pero pocos piensan de esa manera. Si se compra una aspiradora, lea la etiqueta, no sea cosa que en vez de recoger, expanda lo que recoge.
En fin, eso es el polvo, un insidioso microcosmos con el que estamos condenados a convivir las 24 horas del día. Mientras eres joven, no pasa nada. Polvo por aquí, polvo por allá y jijí, jajá, no pasa nada. Pero ¡ay!, te vas haciendo mayor y, al que menos te has descuidado, se presenta la hora de acudir al médico. Al principio todo son síes, remedio para esto y remedio para aquello, todo controlado, pero los años pasan y llega un momento en el que los remedios ya dejan de ser eficaces. El caso es que el médico quizás sea el mismo pero, de repente, ese señor se ha convertido en el "doctor no", o sea, que los remedios ya no son efectivos y más pronto que tarde tienes que marcharte de este mundo. ¡Y pensar que todo empezó con aquel polvo que considerábamos que ningún peligro tenía...!
Rafael Fabregat Condill
(1) y (2)
Esto y miles de cosas más, están en nuestra casa, por mucho que limpiemos.
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