La dietas, el estrés y otros factores de nuestro entorno diario, nos causan de vez en cuando patologías gastrointestinales, unas veces simples y rápidas de solucionar y otras como el cáncer de colon o el estrenimento permanente, con diferentes soluciones y padecimientos. Podríamos llamarlo coloquialmente la revolución de las tripas pero, afortunadamente, son muchos los remedios que tenemos a nuestro alcance. A lo largo de nuestra vida cualquier persona mastica y traga, digiere y defeca alrededor de 22 toneladas de comida y 33 de bebida. No nos damos cuenta de ello, pero es una enorme cantidad de materiales diversos que día tras día nuestro organismo utiliza para producir la energía suficiente para permitir nuestra vida en condiciones óptimas.
Todo esa enorme cantidad de material transita por un tubo sinuoso y los diferentes compartimentos que, de forma coordinada, hace que vivamos una vida plena y correcta. Es el Aparato Digestivo el encargado, junto al hígado, el páncreas y otras glándulas especializadas en "cocinar" todos esos alimentos y bebidas en nuestro propio beneficio. Somos incapaces de asimilar lo perfectamente organizada que es la naturaleza en general. Ese y no otras paparruchas que nos cuentan unos y otros, es el verdadero milagro de la vida. No la nuestra que, al fin y al cabo, no somos otra cosa que una especie más de las miles y miles que alberga el planeta. Claro que nosotros, la especie humana, nos creemos los dueños del mundo y hasta nos permitimos usar y abusar con prepotencia de nuestra suerte.
Pero un día, no tan lejano, alguno de nuestros órganos falla y, es entonces y no antes, cuando nos damos cuenta de nuestra insignificancia, de nuestra realidad, de que con más o menos inteligencia, pero tan solo somos uno más de los animales que pueblan la Tierra. ¡Ay, que decepción!. Pero esa es nuestra cruel realidad. Mientras estamos perfectamente sanos y especialmente cuando somos jóvenes, nos creemos capaces de comernos el mundo, pero al día siguiente, ya mayores, nos percatamos de nuestra realidad. No todos, claro, porque para bien o para mal, hay algunas personas que, con muchos años cumplidos y algún que otro problema de salud, siguen creyéndose los dueños del mundo y ejemplo de perfección. Suerte la suya si realmente es así, pues marcharán (como todos) sin apenas enterarse.
Claro que a nadie engañan, pues todos sabemos que tontos no están y solo la hipocresía les permite actuar exteriormente con esa facilidad de pensamiento mientras, por dentro, están arrancándose las tripas de puro dolor y soledad. Son gente que no quieren a nadie y malviven queriendo demostrar lo que no son. El refranero nos recomienda que miremos nuestra casa y veremos la de los demás. Hay alguna diferencia, claro está, pero es mínima, insustancial. Dejémonos de comedias y pasemos por la vida de la mejor forma posible, sin buscar el mal de los demás, sin aspavientos, sin matar al mensajero, sin pretender limpiar la casa del vecino, mientras la nuestra está sucia. Comamos lo más sano posible y no abusemos de la bebida. Solo el agua sacia la sed y el amor la soledad.
Rafael Fabregat Condill
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