25 de septiembre de 2026

3333/0249- UN PLANETA LLAMADO TIERRA.


La Tierra, como cualquier otro elemento del Universo, fué formado por una cadena de circunstancias muy especiales y únicas. De la misma manera que ninguna persona puede ser idéntica a otra, en el cosmos sucede lo mismo. Parece imposible que, ante millones y millones de estrellas en el Universo, con sus consiguientes planetas y satélites, la Tierra sea el único lugar donde hay vida, al menos como la que aquí disfrutamos. Yo siempre lo he dudado. Me parece imposible que estemos solos, pero hoy empiezo a creerlo. La historia de la Tierra es el resultado de una cadena de circunstancias de difícil repetición. Y lo más triste es que no sepamos disfrutarla, viviendo en paz con todos aquellos que vamos en este viaje irrepetible que es la vida. Un único viaje que deberíamos aprovechar para disfrutar al máximo, olvidándonos de rencores que solo son envidias mal encauzadas.


En este mundo hubo y hay grandes sabios pero lo son porque, aparte de sus propias capacidades, alguien les ha mostrado el camino a seguir. Sin embargo poco más podemos conseguir que perfeccionar aquello que nos han dejado nuestros predecesores. Es cierto que no paramos de ver nuevos avances, pero siempre partiendo de antiguos conocimientos. Nuestra capacidad y nuestros recursos son limitados, hay una barrera insalvable que va limitando esos avances. No hay un ser exterior que nos mustre adelantos que permitan ese salto que los sabios buscan contínuamente. Los científicos de todas las épocas han luchado por conocer las respuestas a tanta ignorancia, pero la barrera insalvable sigue existiendo. La exploración espacial ha traído algunos datos nuevos sobre las estrellas y este planeta que tenemos bajo nuestros piés, pero ahí no acaba la cosa. Hay más, mucho más...


Nuestro pasado está escrito en las rocas y gracias a los minerales y fósiles que contienen, alcanzamos a saber mucho de lo sucedido miles de años atrás y las personas y animales que nos precedieron, pero el ser humano quiere más, lo quiere todo, aún a sabiendas de que ello es simplemente imposible. Pero los científicos son tozudos y nunca se dan por satisfechos. Gracias a ellos sabemos que la Tierra, hace 5.000 millones de años atrás, era una bola de gas y polvo cósmico que, por su rotación, fué condensándose y trasladándose alrededor del sol. 300 millones de años después se supone que seguía siendo una simple bola incandescente en el Universo pero, siendo un planeta pequeño, no paró de recibir impactos de los restos que había por el espacio, hasta que un día uno de esos restos fue de tamaño extraordinario y con él llegó el agua y la vida.


Así continuó transformándose la Tierra durante 3.000 millones de años, con el agua aportada por dichos impactos y con la que formaron el oxígeno y el hidrógeno que había atrapado en su atmósfera. A medida que el planeta fué enfriándose aquella atmósfera cargada de vapor de agua fue depositándose sobre la Tierra, en forma de lluvias torrenciales durante miles de años, hasta que toda aquella agua fue liberada por completo, dejando el cielo raso y reluciente. Venus y Marte también recibieron dichos impactos pero, al no tener la gravedad de nuestro planeta, ni estar a la distancia adecuada del Sol, su agua se evaporó hacia el espacio o se congeló de forma irreversible. Solo la Tierra tuvo la posibilidad de mantenerla líquida e inamovible al tiempo que siendo el planeta irregular buena parte quedó sin cubrir.


La estructura de nuestro planeta está formada por una corteza que oscila entre los 5 y los 40 Km. de grosor. Bajo ella está lo que llamamos Manto, de unos 2850 Km. de profundidad. Tras éste hay un primer núcleo en estado líquido de 5.150 Km. y finalmente un núcleo sólido de hierro y níquel de 2.440 Km. La deriva continental, culpable de volcanes y terremotos, es consecuencia de la fragmentación de la corteza y la expansión del suelo oceánico. Estas placas son empujadas por la convección del Manto ante las fuerzas gravitacionales y el arrastre que provocan. De todas formas los detalles exactos no son conocidos pero, así como las montañas tienen una constante erosión que va a parar a los océanos, la vida y el mundo está en un cambio permanente. ¿Hasta cuando?.


Poco a poco ciertos compuestos provocaron la vida y es por ello que no podemos pensar que seamos únicos, puesto que esos mismos compuestos existen por todo el Universo. Con un cielo despejado los rayos del Sol y dichos compuestos crearon la vida, y ésta fue modificándose dando paso a la diversidad. Nada en este mundo es eterno, por lo que nuestra pregunta es, ¿cuanto durará?. ¡Tranquilos!, 4.000 millones de años no son nada para la vida del Sol y, mientras él aguante (otros 5.000 millones de años más) y nosotros no lo echemos todo a perder, aquí seguiremos, salvo que algún meteorito gigantesco nos destroce.  La vida es el comienzo de la muerte, al fin y al cabo  son ciclos que caminan permanentemente juntos en este Universo extraordinario que nos ha dado la vida. 

Rafael Fabregat Condill  

No hay comentarios:

Publicar un comentario